Pregonómics

lunes, 23 de junio de 2008

formas de lucha de la resistencia civil no violenta


tomado del documeto de "metodo de la reistencia civil de armando rendon corona"
 
 

 

La resistencia civil pacífica contra injusticias de gran envergadura como un golpe de Estado o actos anticonstitucionales que llegan a la traición a la patria por parte de los gobernantes y la clase dominante, dispone de múltiples formas morales y materiales de acción colectiva  a la altura del desafío. Se recurre a ellas con el fin de que el adversario ceda en sus pretensiones y al mismo tiempo desista de recurrir a la fuerza física contra la disidencia. Puesto que el objetivo es restaurar el orden democrático, las formas de lucha de la resistencia pacífica tienen que ser legítimas.

 

En una campaña nacional que involucra a la sociedad entera, se necesita agrupar la acción colectiva alrededor de principios generales como son la no-cooperación, la desobediencia civil y la resistencia activa. Hay dos estrategias que en la historia de los movimientos sociales han demostrado su gran eficacia para doblegar a regímenes dictatoriales y el empecinamiento de toda una clase dominante: el boicot y la huelga general política (o huelga política de masas, una modalidad es el paro cívico).

 

Ambas reúnen una gran diversidad de formas de lucha alrededor de una forma general, que por su amplitud afecta los ámbitos cultural, jurídico, económico, militar, político, deportivo, filosófico, las relaciones internacionales y en cualquier ámbito de la vida social.

 

La huelga política de masas

 

La sociedad de masas es producto de la sociedad moderna y con ella las acciones de grandes masas. Pero los movimientos de este tipo pueden ser desorganizados y organizados. Los movimientos populares espontáneos y desorganizados son los que se reúnen ocasionalmente y luego se dispersan, sin que tengan consecuencias importantes. En la actualidad sólo una pequeña parte del pueblo cuenta con auténticas organizaciones de defensa de sus intereses, lo que dificulta pasar de la exaltación espontánea a la consolidación de efectos favorables duraderos. [1]

 

En el caso de huelga política de masas en Argentina en diciembre de 2001, el movimiento social no estuvo preparado o dirigido por ninguna organización política o sindical, fue espontáneo, los ciudadanos intervienen al margen de las organizaciones tradicionales; la espontaneidad es relativa porque la antecedía una acumulación de fuerzas populares. No logró dotarse de una instancia que centralizara la orientación de múltiples acciones dispersas. Tenía claridad de lo que no quería (¡que se vayan todos!), pero no condensó un programa constructivo. De hecho cambió las relaciones de poder, desplazó a las elites neoliberales y generó nuevas fuerzas populares. El movimiento social creo, por el contrario, nuevas formas de hacer política mediante la deliberación y decisión colectivas.[2]

 

La minoría explotadora domina a la masa del pueblo por varios factores: la autoconciencia de los intereses que la unen; el dominio cultural sobre la masa mediante el embaucamiento valiéndose de una larga educación en la obediencia ciega, los medios de comunicación y la iglesia y; su firme organización, porque un pequeño número bien organizado es siempre más fuerte que una masa desorganizada. Sin embargo, el poder de la minoría puede ser derrotado por la organización de la mayoría del pueblo.

 

La fuerza del pueblo reside en su gran número, en su masa, a condición de que se organice autónomamente del Estado, de los capitalistas y sus agentes. Para que prevalezcan los intereses de la mayoría del pueblo y se desarrolle la democracia es imprescindible la organización popular, que tiene varios requisitos.

 

Una voluntad colectiva unificada; esa voluntad no tiene explicaciones místicas, ni nace de la sugestión de manipuladores, surge de las condiciones colectivas a que se ve sometida; son esas causas las que producen en los individuos los mismos pensamientos, sentimientos y aspiraciones. Esa voluntad colectiva es la que hace capaz a la masa de actuar colectivamente, de otro modo no entra en acción. Esa voluntad colectiva es la que permite alcanzar la unidad en torno a los mismos objetivos, por tanto crea una potencia nueva que va más allá de las inquietudes de los individuos inconexos.

 

La base de la organización depende de una voluntad común que hace actuar al gran número en función del interés colectivo, con el que se identifican las aspiraciones individuales. La organización es entonces la integración de los individuos en una unidad, cohesionados por la disciplina. La disciplina consiste en, la adopción de los objetivos y medios de lucha mediante una deliberación colectiva, y la aceptación de una dirección común elegida por todos los participantes.

 

La huelga política de masas (o huelga general política, paro cívico o paro patriótico) tiene la finalidad de conseguir ciertas modificaciones políticas, o para conquistar derechos políticos como el sufragio universal. Es una acción transitoria, su misión es la de obligar a un gobierno a ceder en una determinada cuestión o a la sustitución de un gobierno enemigo del pueblo por otro democrático. No se propone destruir el poder del Estado, sino sólo puede llevar a un desplazamiento de las relaciones de poder a favor del pueblo. Pero el cambio en la relación de fuerzas únicamente se produce mediante las acciones colectivas.

La huelga de masas no se dirige contra un capitalista individual sino contra el gobierno o partes de la clase capitalista, o contra toda ella. En cambio las huelgas económicas tienen como fin mejorar las condiciones de trabajo que se demandan a capitalistas en lo particular. En ambos caso trastornan el orden económico porque se basan en la interrupción del trabajo y de múltiples actividades. Las huelgas económicas provocadas por un acontecimiento son de diverso tipo: de empresa, de industria, nacionales, internacionales, etcétera.

 

Dado su carácter transitorio, la huelga política de masas no puede sustituir la acción de los partidos populares, ni la acción parlamentaria, ni de los sindicatos, simplemente es otro medio de lucha política que amplía el campo de acción. En ese sentido es una forma de lucha dentro del régimen democrático de libertades.

 

El efecto esperado de la huelga de masas es la desorientación del gobierno que no puede obligar a la gente a que regrese a sus actividades, al trabajo, ni cancelar los derechos de expresión, manifestación, asociación, ni al derecho a oponerse al gobierno. El gobierno también se desorienta porque la resistencia pacífica no se propone la confrontación total con el poder.

 

La resistencia popular contra los actos anticonstitucionales del gobierno acentúa su carácter político con actos masivos: asambleas públicas, manifestaciones, hasta llegar a la forma más poderosa: la huelga política de masas, es decir, una movilización general.

 

Son varias las condiciones para la extensión y duración de la huelga política de masas; las siguientes han sido comunes en la historia europea: 1) la conciencia del pueblo participante en la justicia de sus causas; 2) la firme decisión de los participantes; 3) la participación lo más masiva posible; el movimiento atrae círculos cada vez más amplios del pueblo; 4) un alto sentido de organización de las masas; 5)  el apoyo popular con medios materiales y dinero; 6) la desorganización de los medios de comunicación y transporte del gobierno y sus aliados; 7) el apoyo de lo organismos representativos comunales y municipales que se ponen del lado del pueblo;  8) la colaboración de los empleados que sostienen el aparato administrativo del Estado; 9) la negativa al pago de impuestos.

 

En el caso de un golpe de Estado, la huelga de masas causa una agitación, una intranquilidad generalizada para que los golpistas pierdan la moral, los militares se vuelvan indecisos y los dirigentes del golpe anticonstitucional queden en la confusión. La cuestión es saber cuánto tiempo podrá aguantar el gobierno en una situación de descontento y efervescencia generalizada. La huelga no lo resuelve todo, entran en juego las condiciones de la huelga ya mencionadas, la intensidad del resentimiento del pueblo, los intereses políticos en juego, la actitud de los militares, entre otras condiciones.

 

 

 

El paro cívico o paro patriótico

 

El paro cívico o paro patriótico es una especie de huelga general política. La huelga ha sido un instrumento de los trabajadores contra una empresa, un grupo de ellas, una rama de industria, por reivindicaciones laborales e incluso contra políticas gubernamentales a escala nacional, y en todos los casos significa que los trabajadores suspenden el trabajo. Pero el paro cívico va más allá porque involucra o afecta a la población en su conjunto, no sólo a los trabajadores sindicalizados.

 

Han sido famosas las huelgas generales políticas en Europa por el reconocimiento del derecho al voto de la población trabajadora, o por la democratización de un régimen. Un movimiento sorprendente por su radicalidad y consecuencias fue la huelga general en Argentina en octubre de 2001. Otra huelga general que con el tiempo cambió el régimen político fue la huelga general en Sudáfrica en 1961, que deja muchas enseñanzas en cuanto a la emancipación de los pueblos de color mediante la democracia.

 

En un sentido es una suspensión de actividades: del trabajo, particularmente la huelga de trabajadores; del comercio, no se cargan ni se descargan los barcos, no se asiste a las escuelas primarias, secundarias y universitarias, el transporte, etcétera. Pero en un sentido amplio es un paro cívico, que implica de un lado la suspensión de actividades y, por otro, la realización de otras muchas acciones simultáneamente, como la desobediencia civil generalizada a disposiciones y leyes injustas, la no-cooperación, el boicot, las movilizaciones en todas partes simultáneamente y medidas que afecten la economía de la clase dominante.

 

La suspensión de actividades se acompaña también de asambleas en todos los espacios, en las escuelas, centros de trabajo, zonas habitacionales, y otros. Asimismo la realización de manifestaciones y otras concentraciones activas; obligar a parar al transporte público, la movilización de las comunidades étnicas. La no-violencia requiere no emplear formas de intimidación para inducir al pueblo a participar en el paro.

 

Requiere de un centro que tome las decisiones, una asamblea representativa o una coordinación de muchas organizaciones; los dirigentes pueden ser visibles o clandestinos.

 

Son conocidas las políticas de los gobiernos para impedir que el pueblo actúe coordinadamente, ocultando lo que sucede, desinformando, al mismo tiempo que despliegan dispositivos represivos. El paro cívico requiere romper el silencio informativo y la desinformación, creando sus propias redes de información de lo que sucede en todas partes, de las acciones que se realizan en todas las localidades y sectores con el fin de estimular la confianza y el entusiasmo de los participantes. Asimismo una masiva difusión de folletos políticos.

 

La mejor manera de paralizar o hacer perder eficacia a un plan represivo y de miedo por parte del gobierno y de los sectores sociales que lo apoyan, es mediante la acción generalizada, masiva y simultánea. Pero el plan de acción tiene que considerar medidas antirepresivas y medidas preventivas contra el  colaboracionismo con las fuerzas adversarias, el espionaje y la delación, etcétera.

 

El boicot, una forma de no-cooperación

 

El boicot. Es un arma efectiva y poderosa de lucha política que consiste en una negativa a consumir algo, a prestar un servicio o a usar un servicio, a colaborar en algo, a relacionarse con algunas personas, a vender algo a alguien, a recibir una prestación, y muchas otras formas particulares, algunas de ellas se mencionan en el listado de formas de lucha que sigue a continuación.

 

El boicot es una de las acciones más claras porque cualquiera puede realizarlo; crea una atmósfera propicia para la desobediencia civil y representa una forma activa y radical de la no-cooperación que significa el rechazo a colaborar con el Estado.

 

El boicot es un instrumento que acostumbran usar los consumidores, por ejemplo contra aumentos de precios, contra productos nocivos para la salud, contra una política que perjudica la economía popular; también ha sido utilizado para oponerse a una política, por ejemplo contra la discriminación racial a personas que usan un servicio como el transporte o escuelas. Es un medio político para vencer a empresas o grupos de empresarios que vulneran los derechos políticos, por ejemplo, contra empresas televisivas o radiofónicas. O bien cuando se trata de suprimir una disposición de autoridades públicas o poderes privados. Una forma acostumbrada es no pagar impuestos, o no consumir los productos de un grupo de poder económico, etcétera.

 

El boicot con fines políticos involucra a toda la población sin distinciones, puede tener un efecto nacional importante aunque esté centrado en un tema específico. Su eficacia depende en gran parte de que sea precedida por una campaña de información para la realización de determinados objetivos, por caso la defensa de la propiedad de la nación sobre el petróleo, de manera que una población o sector de ella aplique esa táctica lo más extensamente posible. Debe decidirse con precisión contra qué va dirigido, por cuánto tiempo, en qué lugares.

 

Los casos más resonantes en la India fueron el boicot contra el consumo todos los productos de origen inglés: textiles, bancos, aseguradoras, barcos, mercancías, impuestos; o contra la prohibición de producir sal sin pagar impuestos. Otros casos han sido contra el monopolio extranjero del tabaco o cualquier otro producto impuesto, alentando la producción alternativa local.

 

Se puede boicotear por problemas concretos que afectan directamente a un sector social, (boicot parcial). Por ejemplo, el boicot al transporte público contra el aumento de tarifas o contra la discriminación a un grupo de población; también es un boicot parcial cuando lo emprende un grupo de trabajadores en el ejercicio de su profesión (enfermeras, comerciantes).

 

Formas de acción, la táctica y la estrategia

 

Las formas de lucha son instrumentos tácticos que se utilizan según convenga en circunstancias concretas, y dejan de usarse cuando las circunstancias aconsejan prudencia o cuando es más apropiada otra táctica. Las circunstancias cambian, la adopción de una táctica puede ser correcta en un momento y puede resultar contraproducente en otro momento. Esto significa que ninguna forma de lucha representa un problema de principio ideológico, es siempre una cuestión táctica dentro de la estrategia trazada.

 

El empleo de las formas de acción requiere de una reflexión individual y colectiva sobre las formas más apropiadas para cada situación, dependiendo del resultado que se desea obtener, los riesgos que implica y los efectos indeseados o imprevistos que deben ser respondidos. Esta planeación hace la acción racional, no espontánea o disparatada. Esto vale para tres tipos de actores: la persona, los grupos y la sociedad a gran escala.

 

La planeación de la resistencia civil requiere vincular los fines con los medios para conseguirlos; una manera de planear una estrategia es desarrollar la acción de menos a más, a manera de una escalada. La adopción de las formas de lucha depende de la fuerza propia, esto es, de la capacidad o de lo que es posible hacer de acuerdo con los recursos de que se dispone, en términos de personas, medios materiales, dinero, tiempo, riesgos según la respuesta esperada del o los adversarios, entre otros factores.

 

Es evidente que el movimiento de resistencia puede sucumbir a los golpes del adversario, pero también puede fracasar debido a una táctica incorrecta, irresponsable, que subestime las fuerzas del adversario y sobrestime la propia capacidad; un error observable es dejarse llevar a una lucha que puede ser evitada. Entonces el fracaso del movimiento habrá de producir desaliento, indiferencia, desconfianza, lo que pone fuera de alcance el objetivo buscado.

 

Un ejemplo caricaturizado del disparate sería una inmolación  para impedir ser multado por pasarse un alto. Es decir, si se trata de un objetivo limitado y relativamente fácil de conseguir, la forma de lucha ha de ser igualmente limitada y "blanda"; en cambio las acciones más drásticas se reservan para forzar una solución difícil de obtener. La combinación de formas de lucha durante un periodo depende de las respuestas del adversario, porque no hay que olvidar que un conflicto se produce al menos entre dos campos contendientes, cuyos actores pueden multiplicarse a medida que se amplia el conflicto, es decir, a mayor escala del conflicto mayor número de fuerzas participantes de cada lado, y a la inversa.

 

El conflicto implica un conjunto de acciones y reacciones: el contendiente "A" toma una acción y el adversario "B" responde con otra acción, lo que a su vez hace que el "A" tome otra medida, y así sucesivamente. Puede ser que ambos contendientes estén interesados en resolver el conflicto y entonces las respuestas sucesivas son blandas, decrecientes hasta que se negocia un arreglo. Pero puede ser lo contrario, que quienes detentan el poder sean reacios a una solución y apliquen medidas más drásticas cada vez, lo que implica una resistencia más drástica con acciones más duras, más variadas y duraderas. En el extremo, la salida es catastrófica.

 

La formulación de la estrategia requiere seleccionar las formas de acción adecuadas en cada situación, combinarlas para potenciar sus resultados, un caso común es un plantón acompañado por la difusión en la prensa. Además, se puede calcular la frecuencia en que se usa una misma forma de acción, por ejemplo, portar un distintivo todos los días y hacer una asamblea cada semana.

 

La dinámica del conflicto requiere, además de las formas más apropiadas de acción, de combinarlas con inteligencia, siempre previendo la reacción del adversario y el efecto esperado. La dinámica obliga reaccionar siempre a la acción del adversario, golpe por golpe, pero puede calcularse también no responder a una acción del adversario para no caer en su juego. No siempre se puede prever lo que hará el adversario, además de que puede subir o bajar de intensidad y tomar giros imprevistos. De ahí que la estrategia tenga que ser revisada continuamente, ajustando la táctica a las necesidades de cada situación.

 

En el conflicto social no todo puede ser planeado porque no todo es previsible, hay acontecimientos espontáneos, fortuitos y situaciones inesperadas. En el conflicto social a gran escala esto es frecuente. Por lo tanto, estos factores tienen que ser pensados para modificar la estrategia de resistencia civil, lo que supone un mínimo de organización y de capacidad de conducir la acción racionalmente.

 

Es posible combinar una serie de acciones del mismo tipo, por ejemplo, sólo actos simbólicos, o sólo medidas organizativas en la sociedad civil, o sólo una línea de medios de comunicación. Se pueden combinar por etapas sucesiva. En ese caso se puede hablar de campañas (las llamadas jornadas) porque tienen una cierta duración alrededor de objetivos determinados.

 

Por ejemplo, una campaña de contra-información contra los monopolios mediáticos puede aprovechar el activismo de muchas personas que ha dado notables muestras de creatividad e ingenio con iniciativas particulares, recurriendo a campañas informativas con propaganda en pequeña escala (micro propaganda) en todas partes. En el mismo sentido hay que valorar el potencial de la persuasión personal en conversaciones (técnica de proximidad), que practicada en gran escala puede ser un medio poderoso de contra-información.

 

La selección y las combinaciones

 

El grado de libertad para ejercer el derecho a disentir determina las estrategias de la resistencia: 1) en donde no existen condiciones viables para realizar acciones masivas públicas se opta por desarrollar formas de preferencia morales y simbólicas; 2) en condiciones de mayor libertad y legalidad, la resistencia es abierta, donde se deja de cooperar y se desobedece a una ley injusta.

 

Las formas de lucha se especializan o se combinan, se pueden practicar simultáneamente. Siguiendo una escala ascendente en intensidad destacan cuatro niveles:

 

a) El diálogo con el adversario buscando llegar a acuerdos, y a la vez informar a sectores amplios de la población acerca del conflicto con el fin de conseguir aliados; para hacer notoria la protesta se recurre a formas morales.

 

b) La acción directa masiva pública, abierta a la sociedad, consiste en la movilización de grupos y masas en espacios abiertos (plantón, mitin, marcha, caravanas masivas). La acción directa es la acción ciudadana inmediata sin intermediarios.

 

c) La no-cooperación es un tipo de resistencia más drástica porque se deja de colaborar abiertamente con los poderes públicos o privados, sin violar disposiciones legales. Puede aplicarse a una diversidad de autoridades, como a funcionarios de gobierno, tribunales, propietarios de empresas y otras gentes que ejercen poder sobre la sociedad. Algunas de las acciones son huelgas y paros, el boicot al consumo de ciertas mercancías, rechazo a nombramientos y distinciones, la renuncia a puestos honoríficos o a empleos gubernamentales; el abandono de ceremonias oficiales o protestas durante ellas; la deserción; el no pago de impuestos y cualquier cobro que dé dinero al gobierno (casetas de peaje, etc.).

 

d) La desobediencia civil pertenece a las formas drásticas; se recurre a la infracción de una orden o de una ley injusta. La desobediencia se mantiene dentro de los límites de la no-violencia, requiere de una preparación previa para alcanzar la disciplina necesaria de modo que los participantes y el pueblo comprendan las implicaciones de esta medida. Una variante es la desobediencia "representativa", cuando individuos notables, no las masas, ejercen medidas de desobediencia.  Entre las acciones más comunes se encuentran el no pago de ciertos impuestos, toma de tierras o de instalaciones, bloqueo de calles, ingreso a lugares prohibidos, etcétera.

 

Las formas de acción pueden seleccionarse y clasificarse según distintas concepciones. Aquí nos limitamos al carácter no-violento de la resistencia civil y las agrupamos siguiendo sus características comunes; claro está que es una propuesta siempre sujeta a reelaboraciones.[3]

La clasificación que presentamos si bien parte de Sharp, incorpora otros estudios sobre los conflictos sociales. Sobra decir que la crónica y la sociología de los movimientos sociales aportan los elementos significativos de una realidad abigarrada. Son las grandes crisis las que reúnen la mayor diversidad de formas de acción de todos los contendientes y la fuente preferida en el estudio de las formas específicas de acción. [4]

 

En este trabajo se exponen las formas de acción más comunes internacionalmente, pero no aborda otras esferas de acción implicadas en el conflicto, como son las formas de lucha de los adversarios: los gobiernos, grupos de poder económico e ideológico y diversos actores indirectos; tampoco se trata la globalización de los movimientos sociales, no obstante, algo de la técnica internacional se anexa al final del trabajo, alrededor de la dinámica del conflicto, la planeación de las acciones, particularmente las campañas y la toma de decisiones por consenso.



[1] Parvus (Aleksandr Helfand), "Golpe de estado y huelga política de masas", (1895-1896). Rosa Luxemburgo, "Y por tercera vez el experimento de la huelga" (1901-1902), p. 97-114. En debate sobre la huelga de masas. Primera Parte. Siglo XX, Cuadernos de Pasado y Presente no. 62, México, 1978, 286 p. K. Kautsky, "La acción de masas" (1911), p. 13-45. K. Kautsky, "La nueva táctica", (1912), p. 81-122. Antón Pannekoek, "Acciones de masas y revolución", (1912), p. 47-79. En Debate sobre la huelga política de masas, Segunda parte. Siglo XX, Cuadernos de Pasado y Presente no. 63, Argentina, 1978, 286 p.

[2] Pereyra, Daniel. Argentina rebelde. Crónicas y enseñanzas de la revuelta social. El Viejo Topo, España, 2003, 359 p.

[3] Gene Sharp, The politics of nonviolent action (3 vols.). Porter Sargent, Boston, 1973. En el volumen II de los tres que componen la obra, se describen 198 acciones y se muestran algunos ejemplos históricos de cada uno de estos métodos. Por nuestra parte hemos seleccionado la mayor parte de acuerdo a las circunstancias por las que atraviesa México en el 2008; las hemos reclasificado y cambiado el lenguaje para un mejor entendimiento por el público mexicano, y hemos añadido otras tomadas de las crónicas de prensa sobre el mega-plantón en la Cd. de México agosto-septiembre de 2006. Utilizamos también el trabajo de Ignacio Contreras Casas, "Manual Práctico de Desobediencia civil" nachocontre@hotmail.com

[4] Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo, "Génesis y desarrollo de la insurrección espontánea de diciembre de 2001 en Argentina". Daniel Campione y Beatriz Rajland, "Piqueteros y trabajadores ocupados en la argentina de 2001 en adelante. Novedades y continuidades en su participación y organización en los conflictos". En Gerardo Caetano (compilador). Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina. CLACSO, Argentina, 2006, 382 p. Mandela Nelson. No es fácil el camino de la libertad. Siglo XXI, México, 1999, 222 p.


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Fernando V. Ochoa
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ser como el clavo, que aun oxidado, sigue siendo clavo.
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