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jueves, 17 de diciembre de 2015

Las dos lecciones de París: democracia y clima

Roberto Savio

ALAI AMLATINA, 15/12/2015.-  Roma, Diciembre - En pocos días, París envió al mundo dos lecciones fundamentales sobre la democracia y el clima, que los medios han tratado como temas separados, pese a que en realidad, no podemos seguir ignorando el común denominador que vincula los dos temas: la democracia está en decadencia.

Si bien todos los medios de comunicación han informado de la derrota del Frente Nacional (FN) en las elecciones administrativas francesas, pocos han recordado la vieja observación de que ganar una batalla no significa ganar la guerra.

No hay duda de que el FN se está convirtiendo en un partido importante. En estas elecciones, el sistema político tradicional, representado por el centro-derecha de Nicolas Sarkozy y el socialista, bajo la guía de François Hollande, han unido sus fuerzas de nuevo, dejando fuera a Marine Le Pen.

Sin embargo, llegó el momento de considerar que la derecha en Europa, así como en Estados Unidos, va más allá de ser nostálgica y xenófoba. Su crecimiento en todos los países europeos se debe a un número creciente de ciudadanos descontentos, muchos de los cuales provienen de la clase obrera y de los sectores más pobres de la sociedad.

Ciudadanos que antes votaron izquierda y que ahora se confiesan frustrados con la decadencia de las estructuras de bienestar social, por el desempleo de ellos y de sus hijos, por un Estado que se repliega en favor del mercado, con la creciente injusticia social, con la inmigración, que sienten como una amenaza, por la pérdida de su identidad nacional y por una corrupción escandalosa.

Esto crea una nueva categoría, que podríamos llamar "economía del nacionalismo", que quiere retirarse de cualquier intrusión extranjera, ya sea de la Unión Europea, de los inmigrantes, de la OTAN o de las multinacionales. Miran a los partidos tradicionales como un mecanismo auto-referente de las élites, que no rinden cuentas, que están interesadas en perpetuarse en el poder, sin ofrecer a los ciudadanos lo que necesitan.

Una mezcla de xenofobia, nacionalismo, nostalgia de un pasado mejor, el llamamiento a una economía para mejorar la nación sin dar espacio a las fuerzas e instituciones extranjeras, es un techo lo suficientemente grande como para dar cabida a una parte creciente del electorado.

Los partidos tradicionales han hecho todo lo posible para hacer posible esos sentimientos. Se basan cada vez más en las figuras y menos en las ideas y en una visión para el futuro. Han perdido la estructura clásica de la afiliación partidaria, para convertirse cada vez más en movimientos de opinión pública, con la campaña más proclive a lanzar imágenes de marca que programas.

Mientras escribo, el primer ministro italiano Matteo Renzi estaba diciendo a sus seguidores lo que muchos de la elite política están pensando. Ya no hay una izquierda y una derecha, dijo, explicando que su partido (Partido Demócrata) se convertiría en un partido de la nación, en sustitución del partido de centro-izquierda con el que asumió el cargo en diciembre de 2013.

Esta falta de identidad de la izquierda se ha traducido en un éxito de los políticos de derecha, primero en Hungría y después en Polonia, cuyos líderes afirman actuar en nombre de la Nación, e insisten en que no hay más una opción de izquierda.

En las próximas elecciones presidenciales francesas de 2017, no es tan claro que Marine Le Pen será de nuevo puesta fuera por el sistema. Si bien el truco de los dos partidos tradicionales al erigir un dique uniendo fuerzas cumplió su función hasta ahora, pero que puede convencer a mucha gente que el FN es en realidad víctima del sistema.

Hollande logró subir en las encuestas gracias a una muy costosa guerra que ha emprendido contra el ISIS. Esto reducirá aún más los recursos financieros necesarios para abordar los problemas, lo que hace que ciudadanos descontentos abandonen el Partido Socialista y apoyen al FN, a lo que hay que añadir los jóvenes árabes excluidos de segunda y tercera generación que se van al ISIS.

No podemos darnos el lujo de ignorar que desde la crisis económica de 2008, la derecha está creciendo en todos los países europeos. La política de la izquierda, de imitar la derecha, afirma una tendencia que de hecho, ha fortalecido la carrera hacia la derecha.

Si hoy se celebrasen elecciones para crear la Unión Europea, en gran parte faltaría el amplio consenso que acompañó su fundación. ¿Sería posible hoy en día, adoptar la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

La última Encuesta Mundial de Valores determinó que la democracia como concepto es cada vez frágil. Un número cada vez mayor de ciudadanos estaría dispuesto a aceptar un sistema no democrático, si este fuese más eficiente para satisfacer lo que ellos consideran sus necesidades vitales.

Basta pensar que en Estados Unidos, donde en 1956 sólo uno de cada 15 estaba de acuerdo en "tener el imposiciones militares ", ahora se ha elevado a uno de cada seis. Entre los nacidos desde 1980, sólo 30% dio máxima importancia al hecho de vivir en una democracia. Otro tercio de estadounidenses piensa que no viven en un país democrático.

Las próximas elecciones en EE.UU tendrán un costo estimado de al menos 4.000 millones de dólares, en comparación con los aproximadamente 468 millones de dólares que se gastaban hasta ahora. Menos de 400 familias han contribuido con cerca de la mitad de ese dinero. Los hermanos Koch, magnates del petróleo, han anunciado que van a donar cerca de 1.000 millones de dólares.

No es de extrañar un ciudadano crea que su voto no tiene el mismo peso, mientras que Donald Trump, el tipo que lucha contra el sistema, es visto como una nueva voz que no hace parte de la vieja pandilla política que ha causado la contracción de la clase media.

Y esto nos lleva a la Cumbre del Clima. Una de las limitaciones más graves del Pacto Climático es que no es un tratado y por lo tanto no es vinculante. Esto se debe al hecho de que el congreso republicano estadounidense liquidaría de inmediato cualquier tratado sobre el clima.

La posición oficial es que el cambio climático no existe, sino que se trata de una conspiración internacional contra el sector energético de Estados Unidos.

Mitch McConnel, el dirigente republicano que ha encabezado la arremetida contra la agenda del cambio climático del presidente Barack Obama, ha declarado: "Antes de que nuestros asociados internacionales destapen el champán, hay que recordar que esta es una oferta inalcanzable en base a un plan nacional de energía probablemente ilegal, que la mitad de los Estados han presentado una demanda para detener y que el Congreso ya ha votado rechazándolo".

Como evidentemente es imposible pensar que los senadores republicanos desconocen que el 66 por ciento de los estadounidenses apoyan un tratado climático vinculante y el hecho de que la mayor contribución para elegirles viene de Koch, las preferencias de los lagisladores de la cámara alta constituyen un claro ejemplo de cómo los políticos pueden aislarse de la realidad si es en su interés.

 ¿Es aceptable que 54 senadores estadounidenses --la mayoría republicana en la cámara del Senado de 100 escaños-- puedan bloquear lo que sea que quieran 7.500 millones de personas que componen la humanidad?

Esto significa que el objetivo de que cada país decide por su propia voluntad no tiene aplicación práctica. La primera evaluación de la situación se llevará a cabo en 2018 y una vez más el mundo dependerá de la persona que sea Presidente de Estados Unidos. Cualquier republicano, cambiará completamente la posición de Estados Unidos y varios países estarán felices de secundarles.

El hecho es que probablemente ya es demasiado tarde para revertir el desastre que hemos creado. Si hace 20 años, en la primera Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU en Berlín el tema del cambio climático se hubiese tomado en serio, habríamos tenido tiempo para hacerlo. Pero ahora, ya estamos 1 grado centígrado por encima de la temperatura de la revolución industrial.

Los compromisos asumidos por los países, conducirán a un aumento de al menos 3,7 grados centígrados. El objetivo era de no ir más allá de los 2 grados. Este objetivo fue ampliamente conocido como un recurso político, para dar cabida a todas las personas a bordo, pero de hecho ya un aumento del 1,5 traería serios problemas.

La organización de investigación Centro Climático ha descubierto recientemente que un aumento de 2 grados va a anegar a 280 millones de personas y que con 1,5 grados "sólo" 137 millones serían sumergidas. Pero si ya hemos utilizado 1 de los dos grados centígrados, antes de llegar a un acuerdo, ¿cómo vamos a ser capaces de permanecer dentro de 1,5, si empezamos tan tarde?

Lo que es increíble es que el cambio climático se ha tratado básicamente como un asunto técnico con implicaciones políticas. De hecho, el verdadero problema del cambio climático es una cuestión de justicia, como la encíclica Laudato si' (en dialecto umbro; Loado seas, en español) ha tratado de afirmar.

Los naciones industrializadas se han convertido en ricas por la quema combustibles fósiles durante los últimos 200 años: países que sólo constituyen el 10% de la población mundial son los responsables de alrededor del 60% de los gases de efecto invernadero que ahora está en la atmósfera.

Por lo tanto, tienen una "deuda ecológica" con los países que están ahora vías de industrialización. La Agencia Internacional de Energía estima que para colocar el clima bajo control (a los 2 grados), se requerirán 1.000 miles de millones hacia el año 2020.

Sin embargo, el Pacto de París se compromete únicamente a movilizar a 100.000 millones de dólares de aquí a 2020, lo que es sólo un décimo de lo que es requiere, sin que exista ningún compromiso para aumentar esta cifra, sino solamente una aspiración para revisarla en 2025.

Por supuesto que 100.000 millones de dólares es una gran cantidad. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, que no es un campeón de la justicia social, sino del rigor monetario, acaba de publicar un estudio en el que informa que los subsidios energéticos globales después de impuestos aumentaron 3.000 millones anuales de 2011 a 2015 y se llega a la asombrosa cantidad de 5.3 billones de dólares este año, es decir aproximadamente el 6,5 por ciento del producto interno bruto mundial, lo que, de acuerdo con el FMI, es significativamente más de lo que los países emergentes y de bajos ingresos gastan en salud pública y otras prioridades sociales y económicas básicas.

Los países industrializados han gastado 14.000 miles de millones para rescatar a los bancos, más de lo que los países industrializados gastaron en salud y educación desde la crisis de 2008.

La cumbre de Paris ha ignorado una serie de cuestiones relevantes: los derechos humanos, los fondos para las personas de los países pobres, las víctimas del cambio climático, ya que la ONU estima que en 2050 podríamos tener más de 250 millones de refugiados climáticos, una categoría simplemente inexistente en el derecho internacional.

Y así podríamos seguir mencionando las muchas incongruencias y agujeros en el Pacto. Pero lo que está claro es que no tenemos en absoluto un sistema mínimo de gobernanza global.

El cambio climático se sumará a la sensación de inseguridad que tienen muchos ciudadanos del mundo. Los países pobres, por supuesto, van a sufrir una parte desproporcionada de los desastres. Pero los países industrializados tendrán que cambiar algo en su estilo de vida. Sin eso, tan sólo la acción de los gobiernos será en gran medida incapaz de mantener el planeta, tal como lo conocemos hoy en día.

Es interesante observar cómo los actores políticos en París han visto esto. Ellos han hecho varias declaraciones que reconocen que el Pacto Climático no resuelve el problema de la estabilización de nuestro clima.

Por supuesto, las declaraciones alegres han hecho que esto sea sólo el comienzo de un proceso y el progreso continuado se hará en el futuro, por lo que debemos ser optimistas.

Esto se debe a que están seguros de que los mercados tendrán un papel contundente, mediante la inversión en nuevas tecnologías, que acelerará el proceso. Por supuesto que los mercados no tienen relación alguna con el tema de la justicia.

Poco se ha dicho sobre la fuerza real para el cambio: los ciudadanos que en todas partes del mundo, han realizado acciones en el espacio público para exigir que los gobiernos actúen antes de que sea demasiado tarde.

Todas estas acciones de los ciudadanos comenzaron con la declaración Límite para el Crecimiento, del Club de Roma, en 1972. Se ha tardado casi 50 años para que los líderes políticos a acepten que el problema existe.

En ese entonces teníamos datos innegables de olas récord de calor, derretimiento de glaciares, desiertos en expansión, intensificación de huracanes. Pero eso no fue suficiente para contar con la atención de esos líderes políticos para escuchar a la realidad y a las personas, para así alcanzar un acuerdo. En 2009, esto era todavía objeto de debate en Copenhague. Tuvimos que esperar hasta 2015...

París abre ahora un camino para la humanidad. En 2050 podremos saber en cuántos grados habremos sobrepasado nuestro clima normal. Lo que si ya se puede afirmar con seguridad es que el deterioro creciente del planeta aumentará la sensación de inseguridad en la que ya vivimos: el terrorismo es sólo el último golpe.

Mientras los gobiernos sigan esperando que el mercado haga su trabajo, la desafección de los ciudadanos sólo crecerá. El premio Nobel Paul Krugman ha escrito una columna, "Empoderar la fealdad", donde reflexiona sobre los Trumps y los Le Pen, que están aumentando. "Esta fealdad ha sido posible debido a la clase dirigente tradicional, que ahora reacciona tan horrorizada por la apariencia que están tomando los acontecimientos... ahora se enfrentan al monstruo que ayudaron a crear".

Pero no debemos olvidar que se trata de salir de un proceso similar que los "Hombres de la Providencia" han creado y del que se han hecho cargo los gobiernos democráticos. Hemos vivido durante los últimos 20 años, tras la caída del Muro de Berlín, en una era de codicia descontrolada.

Ahora estamos entrando en un período de temor e inseguridad, que en nuestra vida se han añadido a la codicia ya arraigada.

Debemos estar de acuerdo en que el miedo y la codicia no son pilares de la democracia...

- Roberto Savio es Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: http://www.other-news.info/noticias/ En inglés: http://www.other-net.info/

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/174286

miércoles, 1 de junio de 2011

ford se reconcilia con el medio ambiente

Por más de 30 años, Bill Ford, de 54 años de edad, ha impulsado a la compañía y a la industria automotriz para que sea más amigable con el ambiente. Poco después de que el bisnieto de Henry Ford comenzara a trabajar en 1979, el presidente ejecutivo de Ford le pidió que dejara de quedar bien con los ambientalistas porque eso estaba causando problemas. Después, Bill Ford fue atacado por la comunidad ambientalista, sobre todo en los 90, por crear camionetas SUV que consumían demasiado combustible. Ahora, el presidente ejecutivo de Ford está viendo que los esfuerzos por hacer más ecológica a la compañía están rindiendo frutos, con el lanzamiento global de una serie de autos de baterías, como el Ford Focus completamente eléctrico. A continuación, Ford escribe sobre el futuro de los autos eléctricos, la necesidad de una política energética más compreensiva por parte de Estados Unidos y sobre cómo una red de autos conectados con tecnología Wi-Fi revolucionará la forma en la que conducimos y la forma en la que diseñamos ciudades. --Brian Dumaine La industria automotriz está por atravesar una gran transformación, la más grande que he visto, y las nuevas tecnologías lo están impulsando. Por primera vez en más de un siglo, algunos de los elementos más fundamentales y duraderos de los automóviles están siendo transformados de forma radical. Si echamos un vistazo a un auto en el aniversario 100 del modelo T, sí, ha evolucionado de forma dramática, pero aún tiene un motor de combustible, se vende a través de una concesionaria y tiene cuatro ruedas. Ahora, el ritmo del cambio ya dio un paso al frente. Los autos eléctricos están comenzando a despegar. A finales de este año lanzaremos una línea entera de autos eléctricos a nivel mundial, comenzando con el Ford Focus completamente eléctrico, seguido de un híbrido que se conecta y una versión completamente eléctrica del nuevo C-MAX de la compañía. GM y Nissan ya tienen autos eléctricos en camino. Los otros competidores grandes tienen planes de lanzar sus propias versiones en los próximos años. Pero apenas es el principio. Los vehículos eléctricos tendrán información en tiempo real; podrás usar tu teléfono inteligente para revisar cuánta energía te queda y para encontrar una estación de recarga. En el futuro cercano, los autos también podrán comunicarse entre sí en tiempo real con GPS y Wi-FI. El sistema te advertirá cuando otro auto se pase un semáforo en una intersección, dándote tiempo para frenar y evitar el choque. También hay un beneficio ambiental: el sistema puede ser usado para alejarte de embotellamientos y ayudarte a encontrar un lugar de estacionamiento, lo que reduce el desperdicio de combustible mientras buscas un lugar. Una verdadera señal de este cambio es que muchos proveedores de Ford ahora son proveedores no tradicionales, como Microsoft, y vendedores como Best Buy, que ayudan a ofrecer la infraestructura de carga y tecnologías de información para esta nueva forma de movilidad. ¿Qué está generando este cambio? Creo que el precio del petróleo, a largo plazo, va a seguir subiendo. Ford realizó una cumbre hace algunos años en Michigan con algunos líderes de países productores de petróleo, y el presidente de la OPEP me dijo que podría garantizar que en los próximos cinco años el precio del barril no superaría los 32 dólares. El verano siguiente valía 70 dólares, y me sorprendió que ni siquiera él pudiera predecir el precio del petróleo. Los conflictos en Medio Oriente, la creciente demanda de energía en China, y el hecho de que el petróleo es más difícil de encontrar, sugiere que la gasolina será más costosa con el tiempo y los clientes se preocuparán más por el rendimiento del combustible. La creación de un auto eléctrico global Yo diría que el 25% de la flotilla de Ford será eléctrica en 2020, por encima del bajo porcentaje de hoy, pero incluso con esta aproximación es difícil predecirlo. Algo que aprendí es que no puedes presionar a la tecnología, sino que debes jalarla. Pero me gustan las posibilidades de los autos eléctricos por la falta de compensaciones que deberán tener los clientes con esta nueva tecnología. Cuando recordamos la época en la que Ford hacía muchas SUV y yo peleaba con los ambientalistas; uno de los problemas era que el cliente tenía que hacer una compensación si quería ser responsable con el ambiente. Para ser ecológico debías comprar un auto con menos poder, que no fuera divertido al manejo y que no tuviera muchos accesorios. Quizás tenía manivelas para las ventanas y seguros manuales. Los clientes querían hacer lo correcto pero no querían conducir eso. Ahora tenemos una ecuación muy distinta: colocaremos nuestra tecnología más ecológica en nuestros autos eléctricos, que serán divertidos de manejar. Presionas el acelerador y la respuesta será automática; esto facilitará mucho que la gente tome la decisión ecológica. No estoy seguro de qué tecnología eléctrica (híbridos, autos enchufables híbridos o eléctricos) será la ganadora, por lo que Ford invierte fuertemente en las tres. Si vives en la ciudad y no necesitas conducir distancias largas, la opción completamente eléctrica es la ideal, pero pienso en los híbridos convencionales a corto plazo y en los híbridos con conexión (que funcionan con una batería hasta que se agota y comienza a funcionar el motor de gasolina), que serán más populares que los autos eléctricos porque eliminan la ansiedad de durabilidad. Si dentro de pocos años hay hallazgos en las baterías y la duración aumenta de 120 a 160 kilómetros por carga, los autos eléctricos serán más deseables. El precio de las baterías de iones de litio, el elemento más costoso del auto eléctrico, también bajará. Como ocurre en la industria de los electrónicos, cuando fabricas mayor volumen, los precios comienzan a caer. Para lograr que los autos eléctricos sean más costeables, Ford diseñó el Focus para que fuera un auto verdaderamente global. El nuevo Focus que se ha vendido en Estados Unidos será el mismo que verás en Europa, Japón, China y Sudamérica. Eso permite que los costos se repartan en millones de unidades. También permite a nuestros ingenieros acelerar el desarrollo de productos. Cuando un auto es cambiado o mejorado, los ingenieros necesitan hacer el trabajo sólo una vez, no tres o cuatro veces. Las versiones eléctricas, de gasolina y de diesel del Focus atravesarán la misma línea de ensamblaje, así que podremos acelerar o reducir la creación de uno dependiendo de la demanda. Ford puede fabricar un auto global hoy porque las preferencias del cliente están en armonía en todo el mundo. Es una función de dos cosas: una es el Internet. La gente ve lo que hay disponible en el resto del mundo, y los gustos convergen. La otra es el precio de la gasolina; cuando hay precios bajos de gasolina en Estados Unidos y precios altos en otras partes del mundo, hay una dicotomía en los deseos de los clientes. Los estadounidenses querían autos grandes y no les importaba el rendimiento del combustible, pero a medida que aumentó su costo, las preferencias de los clientes se armonizan en todo el mundo. La creación de un sistema de transporte para el siglo XXI La industria automotriz está lista con la tecnología, pero la revolución de los autos eléctricos no ocurrirá lo suficientemente rápido aquí sin una fuerte política energética por parte de Estados Unidos. El Congreso debe mostrar una postura multifacética en alguna dirección. Deben unirse varios factores para que la electrificación de los autos sea una realidad. Ford está haciendo dinero, y la compañía ha invertido mucho dinero en hardware para autos eléctricos. Está listo para salir, pero el país no lo está. Debemos crear una parrilla inteligente e instalar millones de estaciones de carga en cocheras y puntos públicos mientras creamos la tecnología que las una. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que Estados Unidos se quede rezagado. El gobierno chino predice que en 2020 habrá 5 millones de autos eléctricos en sus calles, y casi aseguran que se cumplirán esas proyecciones. Actualmente hay cerca de 70 millones de autos en sus calles. Beijing y sus gobiernos regionales están subsidiando fuertemente los autos eléctricos, y hay varios científicos gubernamentales investigando baterías a una escala que ninguna compañía privada podría igualar. Creo que Washington puede y debería ayudar con la investigación y desarrollo y con la adopción de la tecnología. Con nuestro problema de déficit sería una propuesta difícil, pero es importante que este país cree esta tecnología por las razones que todos conocemos: la independencia energética y el cambio climático. Pero hay quienes sólo consideran uno de estos dos problemas, no ambos. No debería importar, porque nos llevan al mismo camino. Las baterías de iones de litio son la clave de los autos eléctricos. Creo que es cuestión de seguridad nacional que tengamos una industria competitiva de baterías en Estados Unidos. Washington debería aumentar el gasto en investigación y desarrollo aquí, a menos que quiera depender del desarrollo de baterías en otros países. Por ahora, Asia es el líder en este sector. En Ford podemos comprar baterías a cualquier lugar del mundo, pero estoy hablando como estadounidense, no como el presidente de Ford. Si se va a convertir en una tecnología energética crítica para nosotros, sería una locura que cambiáramos la dependencia en petróleo extranjero por la dependencia en baterías extranjeras. Es cuestión de seguridad nacional. ¿Qué ocurriría si un país cierra de pronto su suministro de baterías? Cómo hacer ciudades más agradables Llevo 30 años trabajando en Ford, y casi todos esos años he temido sobre cómo vender más autos. Pero ahora temo por otra cosa: ¿qué pasaría si todo lo que hacemos es vender más autos? Por la forma en la que la industria automotriz crece globalmente, corremos el riesgo de perder nuestra libertad de movilidad por un atasco. El número de autos en los caminos aumentará de 800 millones de hoy a 4,000 millones en 2050. Incluso si todos los autos son ecológicos, eso no resuelve este problema: un congestionamiento vial ecológico igual es un congestionamiento vial. El estadounidense promedio pasa una semana al año atorado en el tráfico. En Beijing, el camino al trabajo promedio es de 2.5 horas. El año pasado, un congestionamiento fuera de la ciudad duró 11 días. La noción del modelo de propiedad de hoy, de dos autos en cada cochera, no va a funcionar, y aún así los conductores no quieren renunciar a su movilidad individual. Algunas personas estarán dispuestas a tomar camiones y trenes, pero esos sistemas se mueven de forma lineal, y no todos queremos viajar así. Incluso Nueva York, con su gran sistema de transporte público, está lleno de autos, y ahí hay un atasco. Debe haber un mejor sistema. En lugar de concentrarnos en crear más caminos y vías, deberíamos agregar inteligencia a nuestro sistema. Eso se traduce en caminos inteligentes, estacionamientos inteligentes y tránsito público inteligente. Necesitamos usar información en tiempo real para optimizar la movilidad personal a una escala masiva. Podemos comenzar a ver cómo ocurre esto en algunos lugares del mundo. La ciudad de Masdar, en Abu Dhabi, tiene un sistema de autos eléctricos que mueve a los pasajeros en caminos subterráneos. El sistema Octopus de Hong Kong une estacionamientos, camiones y trenes en un sistema de pago único. Obtienes un boleto en tu teléfono celular sin importar dónde tomes el tren o el camión. La solución sería tener centros de transporte donde confluyan todas las formas de viaje. Para hacer que este mundo de transporte se vuelva una realidad, Ford y otros fabricantes globales están trabajando en un sistema prototipo llamado comunicación V2V (de vehículo a vehículo). El plan, que estará listo para salir al mercado en el futuro cercano, usa GPS y Wi-Fi para crear una red que permita a los autos comunicarse entre sí. El sistema te avisará cuando otro auto esté a punto de chocar contigo o cuando haya chocado 10 autos delante de ti para evitar una carambola. También tiene un beneficio ambiental: el sistema puede alejarte de congestionamientos. Con el V2V, gran parte de la tecnología ya está dentro del auto, y agregar la capacidad tiene un costo relativamente bajo. Lo más costoso es la infraestructura: el país debe crear intersecciones inteligentes con capacidad Wi-Fi para transmitir información de tráfico a los conductores. Otra aplicación para esta red será el estacionamiento. Uno de los mayores desperdicios de energía y causa de congestión es que los conductores pierden tiempo buscando un lugar de estacionamiento. El estacionamiento inteligente incluso reservará un lugar en el centro de una ciudad antes de que llegues. La imaginología satelital podría decir a tu auto qué espacio está disponible y te llevaría a él. Varias ciudades en todo el país tienen proyectos piloto donde un lector reconocería tu auto cuando llegas a un lugar y te cobraría automáticamente por el tiempo usado, sin tener que poner monedas en el parquímetro. Esto es bueno porque el costo de su mantenimiento es alto. En lugar de colocar cuatro dólares para quedarte sólo 20 minutos, se te cobrará lo que usas. La creación de un sistema de transporte inteligente podría ser un gran generador de empleos. En lugar de ver esto como una obra federal innovadora, debe ser vista como un creador de empleos económico. Al reducir la congestión del tráfico, la fuerza de trabajo será más productiva. Si nos deshacemos de nuestra dependencia en petróleo extranjero y hacemos que nuestros autos sean ecológicos, la electricidad producida en el país aumentará el comercio y promoverá el crecimiento. He pasado toda mi carrera hablando de la sustentabilidad corporativa y pidiendo productos más eficientes con la tierra. Ahora que la tecnología finalmente avanza en esa dirección, la gente me pregunta si me siento reivindicado. Pero la respuesta es no. En realidad, me siendo energizado. Simplemente estamos avanzando.

miércoles, 20 de agosto de 2008

elogio de la bicicleta

tomado de rebelion.org Ricardo Marqués Público En la reciente década de 1970, el pensador Ivan Illich escribió: “El americano típico consagra más de 1.500 horas por año a su automóvil: sentado dentro de él, en marcha o parado, trabajando para pagarlo, para pagar la gasolina, las llantas, los peajes, el seguro, las infracciones y los impuestos (…) Estas 1.500 horas le sirven para recorrer unos 10.000 kilómetros al año, lo que significa que se desplaza a una velocidad de 6 kilómetros por hora”, aproximadamente la mitad de la velocidad que desarrolla un ciclista urbano sin esforzarse. Más de 30 años después, las palabras de Illich siguen siendo válidas, excepto que ahora se podrían aplicar a la práctica totalidad del mundo desarrollado más las economías “emergentes” de Oriente; es decir, a buena parte de la humanidad. Hoy sabemos, además, que este uso compulsivo del automóvil es uno de los mayores responsables del crecimiento desbocado de las emisiones de gases de efecto invernadero, de la pérdida de habitabilidad de las ciudades –grandes y pequeñas–, del enorme gasto de tiempo social provocado por los atascos, de que la calle haya dejado de ser un lugar transitable para niños y ancianos, del deterioro de buena parte de nuestros monumentos y lugares de encuentro tradicionales y del enorme estrés al que viven sometidos los habitantes de las grandes ciudades. En España, las emisiones de gases de efecto invernadero directamente ligadas al sector transporte han crecido más de un 80% desde 1995, aproximadamente el doble que el crecimiento global de tales emisiones, hasta superar la cuarta parte del total. No obstante, basta con echar un vistazo a los planes de movilidad que se redactan en nuestro país, desde el recientemente aprobado Plan de Infraestructuras hasta los planes del más humilde ayuntamiento, para darse cuenta de que el automóvil privado sigue siendo el rey con muy raras excepciones. Como mucho, se anuncian planes de fomento del transporte público –generalmente en forma de costosas infraestructuras como trenes AVE o metros urbanos– y, al final del documento, se hace una breve mención de la bicicleta, sin planes ni compromisos concretos, ni mucho menos un presupuesto mínimamente digno, quizás para cumplir sobre el papel con algún compromiso político adquirido en algún foro nacional o internacional, como la Carta de Aalborg o la Semana Europea de la Movilidad, que cada septiembre nos sirve para denunciar las vergüenzas de la insostenible inmovilidad que padecen la mayoría de las ciudades españolas. Sin embargo, bicicleta es, con mucho, y pese a su inmerecido ostracismo, el vehículo más eficiente y mejor adaptado a la movilidad urbana. La gran mayoría de los desplazamientos urbanos no superan los 10 kilómetros, una distancia perfectamente asumible por un ciclista. La bicicleta, además, está completamente libre de emisiones nocivas, no hace ruido, es saludable, apenas sí ocupa espacio urbano circulando y para aparcar –mucho menos, desde luego, que cualquier otro vehículo–, y no necesita costosas infraestructuras. ¿Por qué, entonces, es sistemáticamente ignorada por quienes planifican la movilidad urbana en España? Cuando se les pregunta suelen responder que “en España no hay cultura de la bicicleta”, pero aparte de que dicha afirmación resulta extraña en un país que acaba de ganar tres Tours seguidos, el ejemplo de las escasas ciudades españolas que han decidido tomarse en serio la bicicleta (Barcelona, Donosti-San Sebastián y Sevilla) desmiente radicalmente dicha afirmación. En todas ellas ha bastado una mínima inversión pública, desde luego incomparablemente menor que la dedicada a otros medios de transporte, para provocar una impresionante aceptación ciudadana, más allá incluso de lo esperado por los propios promotores de la idea. La bicicleta ofrece la única alternativa eficaz a la creciente demanda de un modo de transporte individual, flexible y, al mismo tiempo, ecológicamente sostenible para las modernas ciudades suburbanizadas con grandes áreas de población dispersa y horarios cada vez más flexibles. De ese modo, la moderna ciudad suburbanizada y postindustrial, que parece haber perdido la escala humana debido a la superpoblación y a las largas distancias, empieza a recuperar de nuevo esa escala para el hombre –y la mujer– en bicicleta. Por otro lado, la intermodalidad entre la bicicleta y el transporte público de gran capacidad, que es ya moneda corriente en muchas ciudades del norte y centro de Europa, es la solución más adecuada, ecológica y eficaz a las crecientes necesidades de movilidad en las grandes metrópolis. A este respecto, la jornada bicicleta-transporte público-bicicleta, apoyada en consignas y aparcamientos para bicis en las terminales del transporte público y/o en los sistemas de bicicletas públicas que ciudades como París, Barcelona o Sevilla están experimentando tan eficazmente, no conoce rival ni en coste, ni en eficacia ni en sostenibilidad. En la actual ciudad automovilizada, la bicicleta solo tiene un inconveniente: hay que tener una mente libre de prejuicios para poder apreciar sus ventajas. Ricardo Marqués es profesor de la Universidad de Sevilla