jueves, 17 de diciembre de 2015

Las dos lecciones de París: democracia y clima

Roberto Savio

ALAI AMLATINA, 15/12/2015.-  Roma, Diciembre - En pocos días, París envió al mundo dos lecciones fundamentales sobre la democracia y el clima, que los medios han tratado como temas separados, pese a que en realidad, no podemos seguir ignorando el común denominador que vincula los dos temas: la democracia está en decadencia.

Si bien todos los medios de comunicación han informado de la derrota del Frente Nacional (FN) en las elecciones administrativas francesas, pocos han recordado la vieja observación de que ganar una batalla no significa ganar la guerra.

No hay duda de que el FN se está convirtiendo en un partido importante. En estas elecciones, el sistema político tradicional, representado por el centro-derecha de Nicolas Sarkozy y el socialista, bajo la guía de François Hollande, han unido sus fuerzas de nuevo, dejando fuera a Marine Le Pen.

Sin embargo, llegó el momento de considerar que la derecha en Europa, así como en Estados Unidos, va más allá de ser nostálgica y xenófoba. Su crecimiento en todos los países europeos se debe a un número creciente de ciudadanos descontentos, muchos de los cuales provienen de la clase obrera y de los sectores más pobres de la sociedad.

Ciudadanos que antes votaron izquierda y que ahora se confiesan frustrados con la decadencia de las estructuras de bienestar social, por el desempleo de ellos y de sus hijos, por un Estado que se repliega en favor del mercado, con la creciente injusticia social, con la inmigración, que sienten como una amenaza, por la pérdida de su identidad nacional y por una corrupción escandalosa.

Esto crea una nueva categoría, que podríamos llamar "economía del nacionalismo", que quiere retirarse de cualquier intrusión extranjera, ya sea de la Unión Europea, de los inmigrantes, de la OTAN o de las multinacionales. Miran a los partidos tradicionales como un mecanismo auto-referente de las élites, que no rinden cuentas, que están interesadas en perpetuarse en el poder, sin ofrecer a los ciudadanos lo que necesitan.

Una mezcla de xenofobia, nacionalismo, nostalgia de un pasado mejor, el llamamiento a una economía para mejorar la nación sin dar espacio a las fuerzas e instituciones extranjeras, es un techo lo suficientemente grande como para dar cabida a una parte creciente del electorado.

Los partidos tradicionales han hecho todo lo posible para hacer posible esos sentimientos. Se basan cada vez más en las figuras y menos en las ideas y en una visión para el futuro. Han perdido la estructura clásica de la afiliación partidaria, para convertirse cada vez más en movimientos de opinión pública, con la campaña más proclive a lanzar imágenes de marca que programas.

Mientras escribo, el primer ministro italiano Matteo Renzi estaba diciendo a sus seguidores lo que muchos de la elite política están pensando. Ya no hay una izquierda y una derecha, dijo, explicando que su partido (Partido Demócrata) se convertiría en un partido de la nación, en sustitución del partido de centro-izquierda con el que asumió el cargo en diciembre de 2013.

Esta falta de identidad de la izquierda se ha traducido en un éxito de los políticos de derecha, primero en Hungría y después en Polonia, cuyos líderes afirman actuar en nombre de la Nación, e insisten en que no hay más una opción de izquierda.

En las próximas elecciones presidenciales francesas de 2017, no es tan claro que Marine Le Pen será de nuevo puesta fuera por el sistema. Si bien el truco de los dos partidos tradicionales al erigir un dique uniendo fuerzas cumplió su función hasta ahora, pero que puede convencer a mucha gente que el FN es en realidad víctima del sistema.

Hollande logró subir en las encuestas gracias a una muy costosa guerra que ha emprendido contra el ISIS. Esto reducirá aún más los recursos financieros necesarios para abordar los problemas, lo que hace que ciudadanos descontentos abandonen el Partido Socialista y apoyen al FN, a lo que hay que añadir los jóvenes árabes excluidos de segunda y tercera generación que se van al ISIS.

No podemos darnos el lujo de ignorar que desde la crisis económica de 2008, la derecha está creciendo en todos los países europeos. La política de la izquierda, de imitar la derecha, afirma una tendencia que de hecho, ha fortalecido la carrera hacia la derecha.

Si hoy se celebrasen elecciones para crear la Unión Europea, en gran parte faltaría el amplio consenso que acompañó su fundación. ¿Sería posible hoy en día, adoptar la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

La última Encuesta Mundial de Valores determinó que la democracia como concepto es cada vez frágil. Un número cada vez mayor de ciudadanos estaría dispuesto a aceptar un sistema no democrático, si este fuese más eficiente para satisfacer lo que ellos consideran sus necesidades vitales.

Basta pensar que en Estados Unidos, donde en 1956 sólo uno de cada 15 estaba de acuerdo en "tener el imposiciones militares ", ahora se ha elevado a uno de cada seis. Entre los nacidos desde 1980, sólo 30% dio máxima importancia al hecho de vivir en una democracia. Otro tercio de estadounidenses piensa que no viven en un país democrático.

Las próximas elecciones en EE.UU tendrán un costo estimado de al menos 4.000 millones de dólares, en comparación con los aproximadamente 468 millones de dólares que se gastaban hasta ahora. Menos de 400 familias han contribuido con cerca de la mitad de ese dinero. Los hermanos Koch, magnates del petróleo, han anunciado que van a donar cerca de 1.000 millones de dólares.

No es de extrañar un ciudadano crea que su voto no tiene el mismo peso, mientras que Donald Trump, el tipo que lucha contra el sistema, es visto como una nueva voz que no hace parte de la vieja pandilla política que ha causado la contracción de la clase media.

Y esto nos lleva a la Cumbre del Clima. Una de las limitaciones más graves del Pacto Climático es que no es un tratado y por lo tanto no es vinculante. Esto se debe al hecho de que el congreso republicano estadounidense liquidaría de inmediato cualquier tratado sobre el clima.

La posición oficial es que el cambio climático no existe, sino que se trata de una conspiración internacional contra el sector energético de Estados Unidos.

Mitch McConnel, el dirigente republicano que ha encabezado la arremetida contra la agenda del cambio climático del presidente Barack Obama, ha declarado: "Antes de que nuestros asociados internacionales destapen el champán, hay que recordar que esta es una oferta inalcanzable en base a un plan nacional de energía probablemente ilegal, que la mitad de los Estados han presentado una demanda para detener y que el Congreso ya ha votado rechazándolo".

Como evidentemente es imposible pensar que los senadores republicanos desconocen que el 66 por ciento de los estadounidenses apoyan un tratado climático vinculante y el hecho de que la mayor contribución para elegirles viene de Koch, las preferencias de los lagisladores de la cámara alta constituyen un claro ejemplo de cómo los políticos pueden aislarse de la realidad si es en su interés.

 ¿Es aceptable que 54 senadores estadounidenses --la mayoría republicana en la cámara del Senado de 100 escaños-- puedan bloquear lo que sea que quieran 7.500 millones de personas que componen la humanidad?

Esto significa que el objetivo de que cada país decide por su propia voluntad no tiene aplicación práctica. La primera evaluación de la situación se llevará a cabo en 2018 y una vez más el mundo dependerá de la persona que sea Presidente de Estados Unidos. Cualquier republicano, cambiará completamente la posición de Estados Unidos y varios países estarán felices de secundarles.

El hecho es que probablemente ya es demasiado tarde para revertir el desastre que hemos creado. Si hace 20 años, en la primera Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU en Berlín el tema del cambio climático se hubiese tomado en serio, habríamos tenido tiempo para hacerlo. Pero ahora, ya estamos 1 grado centígrado por encima de la temperatura de la revolución industrial.

Los compromisos asumidos por los países, conducirán a un aumento de al menos 3,7 grados centígrados. El objetivo era de no ir más allá de los 2 grados. Este objetivo fue ampliamente conocido como un recurso político, para dar cabida a todas las personas a bordo, pero de hecho ya un aumento del 1,5 traería serios problemas.

La organización de investigación Centro Climático ha descubierto recientemente que un aumento de 2 grados va a anegar a 280 millones de personas y que con 1,5 grados "sólo" 137 millones serían sumergidas. Pero si ya hemos utilizado 1 de los dos grados centígrados, antes de llegar a un acuerdo, ¿cómo vamos a ser capaces de permanecer dentro de 1,5, si empezamos tan tarde?

Lo que es increíble es que el cambio climático se ha tratado básicamente como un asunto técnico con implicaciones políticas. De hecho, el verdadero problema del cambio climático es una cuestión de justicia, como la encíclica Laudato si' (en dialecto umbro; Loado seas, en español) ha tratado de afirmar.

Los naciones industrializadas se han convertido en ricas por la quema combustibles fósiles durante los últimos 200 años: países que sólo constituyen el 10% de la población mundial son los responsables de alrededor del 60% de los gases de efecto invernadero que ahora está en la atmósfera.

Por lo tanto, tienen una "deuda ecológica" con los países que están ahora vías de industrialización. La Agencia Internacional de Energía estima que para colocar el clima bajo control (a los 2 grados), se requerirán 1.000 miles de millones hacia el año 2020.

Sin embargo, el Pacto de París se compromete únicamente a movilizar a 100.000 millones de dólares de aquí a 2020, lo que es sólo un décimo de lo que es requiere, sin que exista ningún compromiso para aumentar esta cifra, sino solamente una aspiración para revisarla en 2025.

Por supuesto que 100.000 millones de dólares es una gran cantidad. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, que no es un campeón de la justicia social, sino del rigor monetario, acaba de publicar un estudio en el que informa que los subsidios energéticos globales después de impuestos aumentaron 3.000 millones anuales de 2011 a 2015 y se llega a la asombrosa cantidad de 5.3 billones de dólares este año, es decir aproximadamente el 6,5 por ciento del producto interno bruto mundial, lo que, de acuerdo con el FMI, es significativamente más de lo que los países emergentes y de bajos ingresos gastan en salud pública y otras prioridades sociales y económicas básicas.

Los países industrializados han gastado 14.000 miles de millones para rescatar a los bancos, más de lo que los países industrializados gastaron en salud y educación desde la crisis de 2008.

La cumbre de Paris ha ignorado una serie de cuestiones relevantes: los derechos humanos, los fondos para las personas de los países pobres, las víctimas del cambio climático, ya que la ONU estima que en 2050 podríamos tener más de 250 millones de refugiados climáticos, una categoría simplemente inexistente en el derecho internacional.

Y así podríamos seguir mencionando las muchas incongruencias y agujeros en el Pacto. Pero lo que está claro es que no tenemos en absoluto un sistema mínimo de gobernanza global.

El cambio climático se sumará a la sensación de inseguridad que tienen muchos ciudadanos del mundo. Los países pobres, por supuesto, van a sufrir una parte desproporcionada de los desastres. Pero los países industrializados tendrán que cambiar algo en su estilo de vida. Sin eso, tan sólo la acción de los gobiernos será en gran medida incapaz de mantener el planeta, tal como lo conocemos hoy en día.

Es interesante observar cómo los actores políticos en París han visto esto. Ellos han hecho varias declaraciones que reconocen que el Pacto Climático no resuelve el problema de la estabilización de nuestro clima.

Por supuesto, las declaraciones alegres han hecho que esto sea sólo el comienzo de un proceso y el progreso continuado se hará en el futuro, por lo que debemos ser optimistas.

Esto se debe a que están seguros de que los mercados tendrán un papel contundente, mediante la inversión en nuevas tecnologías, que acelerará el proceso. Por supuesto que los mercados no tienen relación alguna con el tema de la justicia.

Poco se ha dicho sobre la fuerza real para el cambio: los ciudadanos que en todas partes del mundo, han realizado acciones en el espacio público para exigir que los gobiernos actúen antes de que sea demasiado tarde.

Todas estas acciones de los ciudadanos comenzaron con la declaración Límite para el Crecimiento, del Club de Roma, en 1972. Se ha tardado casi 50 años para que los líderes políticos a acepten que el problema existe.

En ese entonces teníamos datos innegables de olas récord de calor, derretimiento de glaciares, desiertos en expansión, intensificación de huracanes. Pero eso no fue suficiente para contar con la atención de esos líderes políticos para escuchar a la realidad y a las personas, para así alcanzar un acuerdo. En 2009, esto era todavía objeto de debate en Copenhague. Tuvimos que esperar hasta 2015...

París abre ahora un camino para la humanidad. En 2050 podremos saber en cuántos grados habremos sobrepasado nuestro clima normal. Lo que si ya se puede afirmar con seguridad es que el deterioro creciente del planeta aumentará la sensación de inseguridad en la que ya vivimos: el terrorismo es sólo el último golpe.

Mientras los gobiernos sigan esperando que el mercado haga su trabajo, la desafección de los ciudadanos sólo crecerá. El premio Nobel Paul Krugman ha escrito una columna, "Empoderar la fealdad", donde reflexiona sobre los Trumps y los Le Pen, que están aumentando. "Esta fealdad ha sido posible debido a la clase dirigente tradicional, que ahora reacciona tan horrorizada por la apariencia que están tomando los acontecimientos... ahora se enfrentan al monstruo que ayudaron a crear".

Pero no debemos olvidar que se trata de salir de un proceso similar que los "Hombres de la Providencia" han creado y del que se han hecho cargo los gobiernos democráticos. Hemos vivido durante los últimos 20 años, tras la caída del Muro de Berlín, en una era de codicia descontrolada.

Ahora estamos entrando en un período de temor e inseguridad, que en nuestra vida se han añadido a la codicia ya arraigada.

Debemos estar de acuerdo en que el miedo y la codicia no son pilares de la democracia...

- Roberto Savio es Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español: http://www.other-news.info/noticias/ En inglés: http://www.other-net.info/

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/174286

jueves, 10 de diciembre de 2015

la izquierda latinoamericana en disyuntiva

Retos y perspectivas de la izquierda latinoamericana

Valter Pomar

ALAI AMLATINA, 10/12/2015.- La situación brasileña, el resultado de la reciente elección presidencial argentina y los pronósticos sobre las elecciones parlamentarias venezolanas intensificaron el debate sobre si estaríamos o no ante el "fin de ciclo" abierto, entre 1998 y 2003, por los triunfos electorales de Hugo Chávez, Luis Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner.

Las posiciones en debate son variadas, pues no hay consenso sobre la existencia de tal ciclo ni sobre su naturaleza.  Además, hay tanto los que afirman su terminación, como los que defienden la posibilidad de su continuidad con profundización de los cambios, etc.  Debate que se combina con el análisis de la situación mundial y la discusión acerca de la estrategia de la izquierda.

Debate similar se registró en el marco del Grupo de Trabajo del Foro de Sao Paulo, cuando analizamos los impactos de la elección de Obama y de la crisis de 2007-2008 sobre América Latina y el Caribe.  Varios integrantes del Foro señalaban la existencia, en aquella época, de signos evidentes de una contraofensiva de la derecha latinoamericana y sus socios externos.

No obstante, por motivos diversos, y a veces opuestos, diversos sectores discreparon con esta caracterización.

Algunos, por lo general no participantes del Foro, consideraban que los gobiernos "progresistas y de izquierda" hacían parte de la arquitectura neoliberal e imperialista, por lo que no tenía sentido hablar de "contraofensiva" de quienes nunca habían sido efectivamente derrotados.

Otros consideraban, como característica fundamental del momento, la crisis del capitalismo y la desmoralización del neoliberalismo, sobrestimando las posibilidades y minimizando las amenazas, tanto estratégicas como tácticas, que la situación ofrecía a las izquierdas.

Había incluso quienes parecían trabajar con el supuesto de que la "fórmula" (económica y política) adoptada por los gobiernos "progresistas y de izquierda" era en lo fundamental inmune a retrocesos y no debía sufrir alteraciones.  Curiosamente, esta tesis de la inmunidad a retrocesos provenía de sectores tanto ultra radicales, como de sectores radicalmente moderados.

Un argumento usado en el debate, para contradecir a quienes hablaban de la contraofensiva de la derecha, era de que, por lo menos hasta entonces, ningún gobierno "elegido por la izquierda" había sido derrotado electoralmente por la derecha.

El caso de Piñera y las elecciones en Guatemala, los golpes de Estado en Paraguay y en Honduras se utilizaron en favor del argumento anterior, en los dos primeros casoS por no ser considerados como gobiernos integrantes del ciclo de 1998, en los dos últimos casos por la vía no electoral adoptada por la derecha.

Independientemente de cómo este debate fue resuelto, en la época y posteriormente, sea en los documentos del Foro, sea en la acción de los partidos, movimientos y gobiernos "progresistas y de izquierda" existentes en la región, lo cierto es que la contraofensiva de las derechas continuó.

En el ámbito económico-social, presionando, saboteando y revertiendo procesos y conquistas.  En el campo ideológico, conteniendo, desmoralizando y dividiendo a los oponentes de izquierda.  Y con respecto a la actuación político-electoral, parte de la derecha regional aprendió las lecciones de las derrotas sufridas desde 1998 y, siempre "combinando formas de lucha" (inclusive el paramilitarismo), casi gana las elecciones presidenciales en Brasil en 2014 y ahora triunfa en las elecciones presidenciales en Argentina.

La victoria de Macri –independientemente de lo que suceda en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre 2015 en Venezuela– coloca la contraofensiva de la derecha en otro plano.

Argentina, junto con Brasil y Venezuela, cumplieron hasta ahora un papel decisivo en el proceso de integración regional, que constituye la retaguardia estratégica de cada una de las izquierdas que opera en los países de la región.  Es evidente que la situación se tornará más difícil a partir de ahora, sea por efecto demostración-emulación que la victoria de Macri tendrá sobre las derechas de otros países, sea por los efectos prácticos en todos los ámbitos de la integración regional.

Esto, por supuesto, si dejamos de lado el optimismo de Pollyanna según el cual un gobierno Macri causará daños tan intensos y tan rápidamente, más allá de provocar una contundente reacción popular, que se transformará en una victoria pírrica para la derecha.  Ciertamente los daños serán intensos, sin duda habrá reacción, pero hay que tener en cuenta que estamos frente a una ola, no ante un episodio aislado.

Independientemente de los motivos específicos, tácticos, coyunturales, episódicos y, a veces "personales", involucrados en cada situación nacional, hay un proceso regional y global que se debe tener en cuenta.  Es esto, por cierto, lo que nos permite comprender mejor la aparente contradicción entre lo que sucede con la izquierda europea y la latinoamericana.

A escala mundial, las principales variables son: la defensiva estratégica de la clase obrera desde el fin de la URSS; la resultante hegemonía capitalista, con una intensidad mayor que en otros períodos de la historia; la profundidad de la crisis capitalista, consecuencia combinada de las otras dos variables; el declive de la hegemonía estadounidense y el esfuerzo brutal que están haciendo para detener y revertir este declive; la disputa entre diferentes formas de capitalismos, y no entre el capitalismo y el socialismo, como el hilo conductor de las grandes disputas mundiales; la formación de bloques regionales, principalmente como una reacción defensiva de los procesos mencionados; y, por último pero no menos importante, una tendencia a la inestabilidad, a las crisis y conflictos cada vez más profundos.

Siendo este el escenario mundial, es evidente que la izquierda latinoamericana corre contra el tiempo, como señalé en 2012 en un artículo titulado "Ensayo sobre una ventana abierta", publicado en la antología La Izquierda Latinoamericana a 20 años del derrumbe, de la editorial Océano Sur(1).  A continuación la parte final de este artículo.

Hay que considerar, en primer lugar, la incidencia sobre la región de macro variables sobre las cuales no tenemos incidencia directa: la velocidad y la profundidad de la crisis internacional, los conflictos entre las grandes potencias, la extensión e impacto de las guerras. Destacamos, entre las macro variables, aquellas vinculadas al futuro de los Estados Unidos: ¿Recuperará su hegemonía global? ¿Concentrará energías en su hegemonía regional? ¿Agotará sus energías en el conflicto interno de su propio país?

Hay que considerar, en segundo lugar, el comportamiento de la burguesía latinoamericana, en especial, de los sectores transnacionalizados: ¿Cuál es su conducta frente a los gobiernos progresistas y de izquierda? ¿Cuál es su disposición con respecto a los procesos regionales de integración? ¿Cuál es su capacidad de competir con las burguesías metropolitanas y aspirar a un papel más sólido en el escenario mundial? Del «humor» de la burguesía dependerá la estabilidad de la vía electoral y la solidez de los gobiernos pluriclasistas.  O, invirtiendo el argumento, su «falta de humor» radicalizará las condiciones de la lucha de clases en la región y en cada país.

En tercer lugar, está la capacidad y disposición de los sectores hegemónicos de las izquierdas – partidos políticos, movimientos sociales, intelectualidad y gobiernos. 

La pregunta es: ¿Hasta dónde estos sectores hegemónicos están dispuestos y conseguirán rebasar los límites del período actual, y con qué velocidad?  Dicho de otra manera, cuánto conseguirán aprovechar esta coyuntura política inédita en la historia regional, para profundizar las condiciones de integración regional, soberanía nacional, democratización política, ampliación del bienestar social y del desarrollo económico.  Y principalmente, si van a lograr o no alterar los patrones estructurales de dependencia externa y concentración de la propiedad imperantes en la región hace siglos.

Considerando estas tres grandes dimensiones del problema, podemos resumir así las perspectivas: potencialidades objetivas, dificultades subjetivas y tiempo escaso.

Potencialidades objetivas: sin olvidar las alternativas negativas, el escenario internacional y las condiciones existentes hoy en América Latina, en especial en América del Sur, hacen posibles dos grandes alternativas positivas, a saber, un ciclo de desarrollo capitalista con trazos socialdemócratas y/o un nuevo ciclo de construcción del socialismo.

En cuanto a esta segunda alternativa, estamos, desde el punto de vista material, relativamente mejor que la Rusia de 1917, que China de 1949, que Cuba de 1959 y que la Nicaragua de 1979.

Dificultades subjetivas: hoy, los que tienen la voluntad no tienen la fuerza, y los que tienen la fuerza no han demostrado la voluntad de adoptar, a una velocidad y con una intensidad adecuadas, las medidas necesarias para aprovechar las posibilidades abiertas por la situación internacional y por la correlación regional de fuerzas.  Un detalle importante: no hay tiempo ni materia prima para formar otra izquierda hegemónica.  O bien la izquierda hegemónica que tenemos aprovecha la ventana abierta, o será la pérdida de una oportunidad.

El tiempo está escaseando: la evolución de la crisis internacional tiende a producir una creciente inestabilidad que sabotea las condiciones de actuación de la izquierda regional.  La posibilidad de utilizar gobiernos electos para hacer transformaciones significativas en las sociedades latinoamericanas no va a durar para siempre.  La ventana abierta a final de los años noventa todavía no se cerró.  Pero la tempestad que se aproxima puede hacerlo.

Concluyo reafirmando que el juego aún no ha terminado, motivo por el cual debemos trabajar para que las izquierdas latinoamericanas, en especial aquellas que están gobernando, y dentro de ellas la izquierda brasileña, haga lo que debe y puede hacer.  Si ello sucede, podremos superar con éxito el actual período de defensiva estratégica de la lucha por el socialismo.  En resumen, la ventana sigue abierta.

Hasta aquí cité literalmente el texto de 2012.  Concluyo diciendo que la ventana sigue abierta, pero se está cerrando.  Lo que vaya a pasar con el "ciclo" abierto en 1998 depende, en gran medida, de saber si el Partido de los Trabajadores y el gobierno de Dilma Rousseff van a mantener o alterar su estrategia.

1) http://valterpomar.blogspot.com.br/2012/03/ensayo-sobre-una-ventana-abierta.html?m=1


- Valter Pomar es profesor de economía política internacional en la Universidad Federal de ABC. Y militante del Partido de los Trabajadores (Brasil).  Entre 1997 y 2013 fue dirigente nacional del PT, asumiendo entre otras tareas la secretaría de relaciones internacionales y la secretaría ejecutiva del Foro de Sao Paulo. Contacto: pomar.valter@gmail.com

Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: ¿Fin del ciclo progresista? http://www.alainet.org/es/revistas/510

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/174181

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EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA TRANSFORMACIÓN DEL MONO EN HOMBRE.

F. Engels


Escrito: En 1876.[1]
Primera edición: En a revista Die Neue Zeit, Bd. 2, N° 44, 1895-1896.
Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre de 2000.
Fuente: Biblioteca de Textos Marxistas.

El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los especialistas en Economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.
Hace muchos centenares de miles de años, en una época, aún no establecida definitivamente, de aquel período del desarrollo de la Tierra que los geólogos denominan terciario, probablemente a fines de este período, vivía en algún lugar de la zona tropical - quizás en un extenso continente hoy desaparecido en las profundidades del Océano Indico- una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada. Darwin nos ha dado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Estaban totalmente cubiertos de pelo, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en los árboles y formaban manadas[2].
Es de suponer que como consecuencia directa de su género de vida, por el que las manos, al trepar, tenían que desempeñar funciones distintas a las de los pies, estos monos se fueron acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Fue el paso decisivo para el tránsito del mono al hombre.
Todos los monos antropomorfos que existen hoy día pueden permanecer en posición erecta y caminar apoyándose únicamente en sus pies; pero lo hacen sólo en caso de extrema necesidad y, además, con suma torpeza. Caminan habitualmente en actitud semierecta, y su marcha incluye el uso de las manos. La mayoría de estos monos apoyan en el suelo los nudillos y, encogiendo las piernas, hacen avanzar el cuerpo por entre sus largos brazos, como un cojo que camina con muletas. En general, aún hoy podemos observar entre los monos todas las formas de transición entre la marcha a cuatro patas y la marcha en posición erecta. Pero para ninguno de ellos ésta última ha pasado de ser un recurso circunstancial.
Y puesto que la posición erecta había de ser para nuestros peludos antepasados primero una norma, y luego, una necesidad, de aquí se desprende que por aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas. Incluso entre los monos existe ya cierta división de funciones entre los pies y las manos. Como hemos señalado más arriba, durante la trepa las manos son utilizadas de distinta manera que los pies. Las manos sirven fundamentalmente para recoger y sostener los alimentos, como lo hacen ya algunos mamíferos inferiores con sus patas delanteras. Ciertos monos se ayudan de las manos para construir nidos en los árboles; y algunos, como el chimpancé, llegan a construir tejadillos entre las ramas, para defenderse de las inclemencias del tiempo. La mano les sirve para empuñar garrotes, con los que se defienden de sus enemigos, o para bombardear a éstos con frutos y piedras. Cuando se encuentran en la cautividad, realizan con las manos varias operaciones sencillas que copian de los hombres. Pero aquí es precisamente donde se ve cuán grande es la distancia que separa la mano primitiva de los monos, incluso la de los antropoides superiores, de la mano del hombre, perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años. El número y la disposición general de los huesos y de los músculos son los mismos en el mono y en el hombre, pero la mano del salvaje más primitivo es capaz de ejecutar centenares de operaciones que no pueden ser realizadas por la mano de ningún mono. Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra, por tosco que fuese.
Por eso, las funciones, para las que nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco sus manos durante los muchos miles de años que dura el período de transición del mono al hombre, sólo pudieron ser, en un principio, funciones sumamente sencillas. Los salvajes más primitivos, incluso aquellos en los que puede presumirse el retorno a un estado más próximo a la animalidad, con una degeneración física simultánea, son muy superiores a aquellos seres del período de transición. Antes de que el primer trozo de sílex hubiese sido convertido en cuchillo por la mano del hombre, debió haber pasado un período de tiempo tan largo que, en comparación con él, el período histórico conocido por nosotros resulta insignificante. Pero se había dado ya el paso decisivo: la mano era libre y podía adquirir ahora cada vez más destreza y habilidad; y ésta mayor flexibilidad adquirida se transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación.
Vemos, pues, que la mano no es sólo el órgano del trabajo; es también producto de él. Unicamente por el trabajo, por la adaptación a nuevas y nuevas funciones, por la transmisión hereditaria del perfeccionamiento especial así adquirido por los músculos, los ligamentos y, en un período más largo, también por los huesos, y por la aplicación siempre renovada de estas habilidades heredadas a funciones nuevas y cada vez más complejas, ha sido como la mano del hombre ha alcanzado ese grado de perfección que la ha hecho capaz de dar vida, como por arte de magia, a los cuadros de Rafael, a las estatuas de Thorwaldsen y a la música de Paganini.
Pero la mano no era algo con existencia propia e independiente. Era únicamente un miembro de un organismo entero y sumamente complejo. Y lo que beneficiaba a la mano beneficiaba también a todo el cuerpo servido por ella; y lo beneficiaba en dos aspectos.
Primeramente, en virtud de la ley que Darwin llamó de la correlación del crecimiento. Según ésta ley, ciertas formas de las distintas partes de los seres orgánicos siempre están ligadas a determinadas formas de otras partes, que aparentemente no tienen ninguna relación con las primeras. Así, todos los animales que poseen glóbulos rojos sin núcleo y cuyo occipital está articulado con la primera vértebra por medio de dos cóndilos, poseen, sin excepción, glándulas mamarias para la alimentación de sus crías. Así también, la pezuña hendida de ciertos mamíferos va ligada por regla general a la presencia de un estómago multilocular adaptado a la rumia. Las modificaciones experimentadas por ciertas formas provocan cambios en la forma de otras partes del organismo, sin que estemos en condiciones de explicar tal conexión. Los gatos totalmente blancos y de ojos azules son siempre o casi siempre sordos. El perfeccionamiento gradual de la mano del hombre y la adaptación concomitante de los pies a la marcha en posición erecta repercutieron indudablemente, en virtud de dicha correlación, sobre otras partes del organismo.
Sin embargo, ésta acción aún está tan poco estudiada que aquí no podemos más que señalarla en términos generales. Mucho más importante es la reacción directa -posible de demostrar- del desarrollo de la mano sobre el resto del organismo. Como ya hemos dicho, nuestros antepasados simiescos eran animales que vivían en manadas; evidentemente, no es posible buscar el origen del hombre, el más social de los animales, en unos antepasados inmediatos que no viviesen congregados. Con cada nuevo progreso, el dominio sobre la naturaleza, que comenzara por el desarrollo de la mano, con el trabajo, iba ampliando los horizontes del hombre, haciéndole descubrir constantemente en los objetos nuevas propiedades hasta entonces desconocidas. Por otra parte, el desarrollo del trabajo, al multiplicar los casos de ayuda mutua y de actividad conjunta, y al mostrar así las ventajas de ésta actividad conjunta para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente a agrupar aún más a los miembros de la sociedad. En resumen, los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros. La necesidad creó el órgano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro.
La comparación con los animales nos muestra que ésta explicación del origen del lenguaje a partir del trabajo y con el trabajo es la única acertada. Lo poco que los animales, incluso los más desarrollados, tienen que comunicarse los unos a los otros puede ser transmitido sin el concurso de la palabra articulada. Ningún animal en estado salvaje se siente perjudicado por su incapacidad de hablar o de comprender el lenguaje humano. Pero la situación cambia por completo cuando el animal ha sido domesticado por el hombre. El contacto con el hombre ha desarrollado en el perro y en el caballo un oído tan sensible al lenguaje articulado, que estos animales pueden, dentro del marco de sus representaciones, llegar a comprender cualquier idioma. Además, pueden llegar a adquirir sentimientos desconocidos antes por ellos, como son el apego al hombre, el sentimiento de gratitud, etc. Quien conozca bien a estos animales, difícilmente podrá escapar a la convicción de que, en muchos casos, ésta incapacidad de hablar es experimentada ahora por ellos como un defecto. Desgraciadamente, este defecto no tiene remedio, pues sus órganos vocales se hallan demasiado especializados en determinada dirección. Sin embargo, cuando existe un órgano apropiado, ésta incapacidad puede ser superada dentro de ciertos límites. Los órganos bucales de las aves se distinguen en forma radical de los del hombre, y, sin embargo, las aves son los únicos animales que pueden aprender a hablar; y el ave de voz más repulsiva, el loro, es la que mejor habla. Y no importa que se nos objete diciéndonos que el loro no entiende lo que dice. Claro está que por el solo gusto de hablar y por sociabilidad con los hombres el loro puede estar repitiendo horas y horas todo su vocabulario. Pero, dentro del marco de sus representaciones, puede también llegar a comprender lo que dice. Enseñad a un loro a decir palabrotas, de modo que llegue a tener una idea de su significación (una de las distracciones favoritas de los marineros que regresan de las zonas cálidas), y veréis muy pronto que en cuanto lo irritáis hace uso de esas palabrotas con la misma corrección que cualquier verdulera de Berlín. Y lo mismo ocurre con la petición de golosinas.
Primero el trabajo, luego y con él la palabra articulada, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano, que, a pesar de toda su similitud, lo supera considerablemente en tamaño y en perfección. Y a medida que se desarrollaba el cerebro, desarrollábanse también sus instrumentos más inmediatos: los órganos de los sentidos. De la misma manera que el desarrollo gradual del lenguaje va necesariamente acompañado del correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo general del cerebro va ligado al perfeccionamiento de todos los órganos de los sentidos. La vista del águila tiene mucho más alcance que la del hombre, pero el ojo humano percibe en las cosas muchos más detalles que el ojo del águila. El perro tiene un olfato mucho más fino que el hombre, pero no puede captar ni la centésima parte de los olores que sirven a éste de signos para diferenciar cosas distintas. Y el sentido del tacto, que el mono posee a duras penas en la forma más tosca y primitiva, se ha ido desarrollando únicamente con el desarrollo de la propia mano del hombre, a través del trabajo. El desarrollo del cerebro y de los sentidos a su servicio, la creciente claridad de conciencia, la capacidad de abstracción y de discernimiento cada vez mayores, reaccionaron a su vez sobre el trabajo y la palabra, estimulando más y más su desarrollo. Cuando el hombre se separa definitivamente del mono, este desarrollo no cesa ni mucho menos, sino que continúa, en distinto grado y en distintas direcciones entre los distintos pueblos y en las diferentes épocas, interrumpido incluso a veces por regresiones de carácter local o temporal, pero avanzando en su conjunto a grandes pasos, considerablemente impulsado y, a la vez, orientado en un sentido más preciso por un nuevo elemento que surge con la aparición del hombre acabado: la sociedad. Seguramente hubieron de pasar centenares de miles de años -que en la historia de la Tierra tienen menos importancia que un segundo en la vida de un hombre[*]- antes de que la sociedad humana surgiese de aquellas manadas de monos que trepaban por los árboles. Pero, al fin y al cabo, surgió.
¿Y qué es lo que volvemos a encontrar como signo distintivo entre la manada de monos y la sociedad humana? Otra vez el trabajo. La manada de monos se contentaba con devorar los alimentos de un área que determinaban las condiciones geográficas o la resistencia de las manadas vecinas. Trasladábase de un lugar a otro y entablaba luchas con otras manadas para conquistar nuevas zonas de alimentación: pero era incapaz de extraer de estas zonas más de lo que la naturaleza buenamente le ofrecía, si exceptuamos la acción inconsciente de la manada, al abonar el suelo con sus excrementos. Cuando fueron ocupadas todas las zonas capaces de proporcionar alimento, el crecimiento de la población simiesca fue ya imposible; en el mejor de los casos el número de sus animales podía mantenerse al mismo nivel. Pero todos los animales son unos grandes despilfarradores de alimentos; además, con frecuencia destruyen en germen la nueva generación de reservas alimenticias. A diferencia del cazador, el lobo no respeta la cabra montés que habría de proporcionarle cabritos al año siguiente; las cabras de Grecia, que devoran los jóvenes arbustos antes de que puedan desarrollarse, han dejado desnudas todas las montañas del país. Esta «explotación rapaz» llevada a cabo por los animales desempeña un gran papel en la transformación gradual de las especies, al obligarlas a adaptarse a unos alimentos que no son los habituales para ellas, con lo que cambia la composición química de su sangre y se modifica poco a poco toda la constitución física del animal; las especies ya plasmadas desaparecen. No cabe duda de que ésta explotación rapaz contribuyó en alto grado a la humanización de nuestros antepasados, pues amplió el número de plantas y las partes de éstas utilizadas en la alimentación por aquella raza de monos que superaba con ventaja a todas las demás en inteligencia y en capacidad de adaptación. En una palabra, la alimentación, cada vez más variada, aportaba al organismo nuevas y nuevas substancias, con lo que fueron creadas las condiciones químicas para la transformación de estos monos en seres humanos. Pero todo esto no era trabajo en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo comienza con la elaboración de instrumentos. ¿Y qué son los instrumentos más antiguos, si juzgamos por los restos que nos han llegado del hombre prehistórico, por el género de vida de los pueblos más antiguos que registra la historia, así como por el de los salvajes actuales más primitivos? Son instrumentos de caza y de pesca; los primeros utilizados también como armas. Pero la caza y la pesca suponen el tránsito de la alimentación exclusivamente vegetal a la alimentación mixta, lo que significa un nuevo paso de suma importancia en la transformación del mono en hombre. El consumo de carne ofreció al organismo, en forma casi acabada, los ingredientes más esenciales para su metabolismo. Con ello acortó el proceso de la digestión y otros procesos de la vida vegetativa del organismo (es decir, los procesos análogos a los de la vida de los vegetales), ahorrando así tiempo, materiales y estímulos para que pudiera manifestarse activamente la vida propiamente animal. Y cuanto más se alejaba el hombre en formación del reino vegetal, más se elevaba sobre los animales. De la misma manera que el hábito a la alimentación mixta convirtió al gato y al perro salvajes en servidores del hombre, así también el hábito a combinar la carne con la dieta vegetal contribuyó poderosamente a dar fuerza física e independencia al hombre en formación. Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta cárnea fue en el cerebro, que recibió así en mucha mayor cantidad que antes las substancias necesarias para su alimentación y desarrollo, con lo que su perfeccionamiento fue haciéndose mayor y más rápido de generación en generación. Debemos reconocer -y perdonen los señores vegetarianos- que no ha sido sin el consumo de la carne como el hombre ha llegado a ser hombre; y el hecho de que, en una u otra época de la historia de todos los pueblos conocidos, el empleo de la carne en la alimentación haya llevado al canibalismo (aún en el siglo X, los antepasados de los berlineses, los veletabos o vilzes, solían devorar a sus progenitores) es una cuestión que no tiene hoy para nosotros la menor importancia.
El consumo de carne en la alimentación significó dos nuevos avances de importancia decisiva: el uso del fuego y la domesticación de animales. El primero redujo aún más el proceso de la digestión, ya que permitía llevar a la boca comida, como si dijéramos, medio digerida; el segundo multiplicó las reservas de carne, pues ahora, a la par con la caza, proporcionaba una nueva fuente para obtenerla en forma más regular. La domesticación de animales también proporcionó, con la leche y sus derivados, un nuevo alimento, que en cuanto a composición era por lo menos del mismo valor que la carne. Así, pues, estos dos adelantos se convirtieron directamente para el hombre en nuevos medios de emancipación. No podemos detenernos aquí a examinar en detalle sus consecuencias indirectas, a pesar de toda la importancia que hayan podido tener para el desarrollo del hombre y de la sociedad, pues tal examen nos apartaría demasiado de nuestro tema.
El hombre, que había aprendido a comer todo lo comestible, aprendió también, de la misma manera, a vivir en cualquier clima. Se extendió por toda la superficie habitable de la Tierra siendo el único animal capaz de hacerlo por propia iniciativa. Los demás animales que se han adaptado a todos los climas -los animales domésticos y los insectos parásitos- no lo lograron por sí solos, sino únicamente siguiendo al hombre. Y el paso del clima uniformemente cálido de la patria original, a zonas más frías donde el año se dividía en verano e invierno, creó nuevas necesidades, al obligar al hombre a buscar habitación y a cubrir su cuerpo para protegerse del frío y de la humedad. Así surgieron nuevas esferas de trabajo y, con ellas, nuevas actividades que fueron apartando más y más al hombre de los animales.
Gracias a la cooperación de la mano, de los órganos del lenguaje y del cerebro, no sólo en cada individuo, sino también en la sociedad, los hombres fueron aprendiendo a ejecutar operaciones cada vez más complicadas, a plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados. El trabajo mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en generación extendiéndose cada vez a nuevas actividades. A la caza y a la ganadería vino a sumarse la agricultura, y más tarde el hilado y el tejido, el trabajo de los metales, la alfarería y la navegación. Al lado del comercio y de los oficios aparecieron, finalmente, las artes y las ciencias; de las tribus salieron las naciones y los Estados. Se desarrollaron el Derecho y la Política, y con ellos el reflejo fantástico de las cosas humanas en la mente del hombre: la religión. Frente a todas estas creaciones, que se manifestaban en primer término como productos del cerebro y parecían dominar las sociedades humanas, las producciones más modestas, fruto del trabajo de la mano, quedaron relegadas a segundo plano, tanto más cuanto que en una fase muy temprana del desarrollo de la sociedad (por ejemplo, ya en la familia primitiva), la cabeza que planeaba el trabajo era ya capaz de obligar a manos ajenas a realizar el trabajo proyectado por ella. El rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y a la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar ésta explicación en sus necesidades (reflejadas, naturalmente, en la cabeza del hombre, que así cobra conciencia de ellas). Así fue cómo, con el transcurso del tiempo, surgió esa concepción idealista del mundo que ha dominado el cerebro de los hombres, sobre todo desde la desaparición del mundo antiguo, y que todavía lo sigue dominando hasta el punto de que incluso los naturalistas de la escuela darviniana más allegados al materialismo son aún incapaces de formarse una idea clara acerca del origen del hombre, pues esa misma influencia idealista les impide ver el papel desempeñado aquí por el trabajo. Los animales, como ya hemos indicado de pasada, también modifican con su actividad la naturaleza exterior, aunque no en el mismo grado que el hombre; y estas modificaciones provocadas por ellos en el medio ambiente repercuten, como hemos visto, en sus originadores, modificándolos a su vez. En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de ésta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad las cosas más simples. Ya hemos visto cómo las cabras han impedido la repoblación de los bosques en Grecia; en Santa Elena, las cabras y los cerdos desembarcados por los primeros navegantes llegados a la isla exterminaron casi por completo la vegetación allí existente, con lo que prepararon el suelo para que pudieran multiplicarse las plantas llevadas más tarde por otros navegantes y colonizadores. Pero la influencia duradera de los animales sobre la naturaleza que los rodea es completamente involuntaria y constituye, por lo que a los animales se refiere, un hecho accidental. Pero cuanto más se alejan los hombres de los animales, más adquiere su influencia sobre la naturaleza el carácter de una acción intencional y planeada, cuyo fin es lograr objetivos proyectados de antemano. Los animales destrozan la vegetación del lugar sin darse cuenta de lo que hacen. Los hombres, en cambio, cuando destruyen la vegetación lo hacen con el fin de utilizar la superficie que queda libre para sembrar cereales, plantar árboles o cultivar la vid, conscientes de que la cosecha que obtengan superará varias veces lo sembrado por ellos. El hombre traslada de un país a otro plantas útiles y animales domésticos modificando así la flora y la fauna de continentes enteros. Más aún; las plantas y los animales, cultivadas aquéllas y criados éstos en condiciones artificiales, sufren tales modificaciones bajo la influencia de la mano del hombre que se vuelven irreconocibles. Hasta hoy día no han sido hallados aún los antepasados silvestres de nuestros cultivos cerealistas. Aún no ha sido resuelta la cuestión de saber cuál es el animal que ha dado origen a nuestros perros actuales, tan distintos unos de otros, o a las actuales razas de caballos, también tan numerosas.
Por lo demás, de suyo se comprende que no tenemos la intención de negar a los animales la facultad de actuar en forma planificada, de un modo premeditado. Por el contrario, la acción planificada existe en germen dondequiera que el protoplasma -la albúmina viva- exista y reaccione, es decir, realice determinados movimientos, aunque sean los más simples, en respuesta a determinados estímulos del exterior. Esta reacción se produce, no digamos ya en la célula nerviosa, sino incluso cuando aún no hay célula de ninguna clase. El acto mediante el cual las plantas insectívoras se apoderan de su presa, aparece también, hasta cierto punto, como un acto planeado, aunque se realice de un modo totalmente inconsciente. La facultad de realizar actos conscientes y premeditados se desarrolla en los animales en correspondencia con el desarrollo del sistema nervioso, y adquiere ya en los mamíferos un nivel bastante elevado. Durante la caza inglesa de la zorra puede observarse siempre la infalibilidad con que la zorra utiliza su perfecto conocimiento del lugar para ocultarse a sus perseguidores, y lo bien que conoce y sabe aprovechar todas las ventajas del terreno para despistarlos. Entre nuestros animales domésticos, que han llegado a un grado más alto de desarrollo gracias a su convivencia con el hombre, pueden observarse a diario actos de astucia, equiparables a los de los niños, pues lo mismo que el desarrollo del embrión humano en el claustro materno es una repetición abreviada de toda la historia del desarrollo físico seguido a través de millones de años por nuestros antepasados del reino animal, a partir del gusano, así también el desarrollo mental del niño representa una repetición, aún más abreviada, del desarrollo intelectual de esos mismos antepasados, en todo caso de los menos remotos. Pero ni un solo acto planificado de ningún animal ha podido imprimir en la naturaleza el sello de su voluntad. Sólo el hombre ha podido hacerlo. Resumiendo: lo único que pueden hacer los animales es utilizar la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio, modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina. Y ésta es, en última instancia, la diferencia esencial que existe entre el hombre y los demás animales, diferencia que, una vez más, viene a ser efecto del trabajo[**].
Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Los italianos de los Alpes, que talaron en las laderas meridionales los bosques de pinos, conservados con tanto celo en las laderas septentrionales, no tenía idea de que con ello destruían las raíces de la industria lechera en su región; y mucho menos podían prever que, al proceder así, dejaban la mayor parte del año sin agua sus fuentes de montaña, con lo que les permitían, al llegar el período de las lluvias, vomitar con tanta mayor furia sus torrentes sobre la planicie. Los que difundieron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis. Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente.
En efecto, cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Sobre todo después de los grandes progresos logrados en este siglo por las Ciencias Naturales, nos hallamos en condiciones de prever, y, por tanto, de controlar cada vez mejor las remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción, por lo menos de los más corrientes. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo.
Mas, si han sido precisos miles de años para que el hombre aprendiera en cierto grado a prever las remotas consecuencias naturales de sus actos dirigidos a la producción, mucho más le costó aprender a calcular las remotas consecuencias sociales de esos mismos actos. Ya hemos hablado más arriba de la patata y de sus consecuencias en cuanto a la difusión de la escrofulosis: Pero, ¿qué importancia puede tener la escrofulosis comparada con los efectos que sobre las condiciones de vida de las masas del pueblo de países enteros ha tenido la reducción de la dieta de los trabajadores a simples patatas, con el hambre que se extendió en 1847 por Irlanda a consecuencia de una enfermedad de este tubérculo, y que llevó a la tumba a un millón de irlandeses que se alimentaban exclusivamente o casi exclusivamente de patatas y obligó a emigrar allende el océano a otros dos millones? Cuando los árabes aprendieron a destilar el alcohol, ni siquiera se les ocurrió pensar que habían creado una de las armas principales con que habría de ser exterminada la población indígena del continente americano, aún desconocido, en aquel entonces. Y cuando Colón descubrió más tarde América, no sabía que a la vez daba nueva vida a la esclavitud, desaparecida desde hacía mucho tiempo en Europa, y sentaba las bases de la trata de negros. Los hombres que en los siglos XVII y XVIII trabajaron para crear la máquina de vapor, no sospechaban que estaban creando un instrumento que habría de subvertir, más que ningún otro, las condiciones sociales en todo el mundo, y que, sobre todo en Europa, al concentrar la riqueza en manos de una minoría y al privar de toda propiedad a la inmensa mayoría de la población, habría de proporcionar primero el dominio social y político a la burguesía y provocar después la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, lucha que sólo puede terminar con el derrocamiento de la burguesía y la abolición de todos los antagonismos de clase. Pero también aquí, aprovechando una experiencia larga, y a veces cruel, confrontando y analizando los materiales proporcionados por la historia, vamos aprendiendo poco a poco a conocer las consecuencias sociales indirectas y más remotas de nuestros actos en la producción, lo que nos permite extender también a estas consecuencias nuestro dominio y nuestro control.
Sin embargo, para llevar a cabo este control se requiere algo más que el simple conocimiento. Hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente. Todos los modos de producción que han existido hasta el presente sólo buscaban el efecto útil del trabajo en su forma más directa e inmediata. No hacían el menor caso de las consecuencias remotas, que sólo aparecen más tarde y cuyo efecto se manifiesta únicamente gracias a un proceso de repetición y acumulación gradual. La primitiva propiedad comunal de la tierra correspondía, por un lado, a un estado de desarrollo de los hombres en el que el horizonte de éstos quedaba limitado, por lo general, a las cosas más inmediatas, y presuponía, por otro lado, cierto excedente de tierras libres, que ofrecía cierto margen para neutralizar los posibles resultados adversos de ésta economía positiva. Al agotarse el excedente de tierras libres, comenzó la decadencia de la propiedad comunal. Todas las formas más elevadas de producción que vinieron después condujeron a la división de la población en clases diferentes y, por tanto, al antagonismo entre las clases dominantes y las clases oprimidas. En consecuencia, los intereses de las clases dominantes se convirtieron en el elemento propulsor de la producción, en cuanto ésta no se limitaba a mantener bien que mal la mísera existencia de los oprimidos. Donde esto halla su expresión más acabada es en el modo de producción capitalista que prevalece hoy en la Europa Occidental. Los capitalistas individuales, que dominan la producción y el cambio, sólo pueden ocuparse de la utilidad más inmediata de sus actos. Más aún; incluso ésta misma utilidad -por cuanto se trata de la utilidad de la mercancía producida o cambiada- pasa por completo a segundo plano, apareciendo como único incentivo la ganancia obtenida en la venta.
*      *      *
La ciencia social de la burguesía, la Economía Política clásica, sólo se ocupa preferentemente de aquellas consecuencias sociales que constituyen el objetivo inmediato de los actos realizados por los hombres en la producción y el cambio. Esto corresponde plenamente al régimen social cuya expresión teórica es esa ciencia. Por cuanto los capitalistas aislados producen o cambian con el único fin de obtener beneficios inmediatos, sólo pueden ser tenidos en cuenta, primeramente, los resultados más próximos y más inmediatos. Cuando un industrial o un comerciante vende la mercancía producida o comprada por él y obtiene la ganancia habitual, se da por satisfecho y no le interesa lo más mínimo lo que pueda ocurrir después con esa mercancía y su comprador. Igual ocurre con las consecuencias naturales de esas mismas acciones. Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las montañas para obtener con la ceniza un abono que sólo les alcanzaba para fertilizar una generación de cafetos de alto rendimiento, ¡poco les importaba que las lluvias torrenciales de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles, y no dejasen tras sí más que rocas desnudas! Con el actual modo de producción, y por lo que respecta tanto a las consecuencias naturales como a las consecuencias sociales de los actos realizados por los hombres, lo que interesa preferentemente son sólo los primeros resultados, los más palpables. Y luego hasta se manifiesta extrañeza de que las consecuencias remotas de las acciones que perseguían esos fines resulten ser muy distintas y, en la mayoría de los casos, hasta diametralmente opuestas; de que la armonía entre la oferta y la demanda se convierta en su antípoda, como nos lo demuestra el curso de cada uno de esos ciclos industriales de diez años, y como han podido convencerse de ello los que con el «crac»[3]han vivido en Alemania un pequeño preludio; de que la propiedad privada basada en el trabajo de uno mismo se convierta necesariamente, al desarrollarse, en la desposesión de los trabajadores de toda propiedad, mientras toda la riqueza se concentra más y más en manos de los que no trabajan; de que [...][***].
Traducido del alemán.

NOTAS

* Sir William Thomson, autoridad de primer orden en la materia calculó que ha debido transcurrir poco más de cien millones de años desde el momento en que la Tierra se enfrió lo suficiente para que en ella pudieran vivir las plantas y los animales.
** Acotación al margen: «Ennoblecimiento».
*** Aquí se interrumpe el manuscrito. (N. de la Edit.)


1. El presente artículo fue ideado inicialmente como introducción a un trabajo más extenso denominado Tres formas fundamentales de esclavización. Pero, visto que el propósito no se cumplía, Engels acabó por dar a la introducción el título El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre. Engels explica en ella el papel decisivo del trabajo, de la producción de instrumentos, en la formación del tipo físico del hombre y la formación de la sociedad humana, mostrando que, a partir de un antepasado parecido al mono, como resultado de un largo proceso histórico, se desarrolló un ser cualitativamente distinto, el hombre. Lo más probable es que el artículo haya sido escrito en junio de 1876.
2. Véase el libro de C. Darwin The Descent of Man and Selection in Relation to Sex («El origen del hombre y la selección sexual»), publicado en Londres en 1871.

3. Trátase de la crisis económica mundial de 1873. En Alemania, la crisis comenzó con una «grandiosa bancarrota» en mayo de 1873, preludio de la crisis que duró hasta fines de los años 70.

martes, 8 de diciembre de 2015

Fwd: [alai-amlatina] Tres días cruciales para el clima

Tres días cruciales para el clima

Gerardo Honty

ALAI AMLATINA, 08/12/2015.- Este viernes debe cerrarse el acuerdo que ponga límites al cambio climático. Pero la segunda semana de negociaciones de la cumbre de París sobre cambio climático (COP 21) comenzó este lunes con pocos avances como era de esperar. A pesar de que el nuevo texto borrador propuesto el fin de semana pasado presenta menos páginas, contiene más corchetes y los temas de mayor divergencia permanecen incambiados.

Como ha sucedido en otras COPs, el presidente de la cumbre -el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius- ha creado un grupo especial para la negociación denominado, en este caso, "Comité de París" que aborda los temas más complicados en cuatro subgrupos.

El primero es sobre "Implementación" y aborda los asuntos relacionados con el financiamiento, la transferencia de tecnología y el fomento de capacidades. El segundo grupo trata sobre la "diferenciación" tema central, pues de este debate depende el nivel de compromiso que podrían asumir algunos países en desarrollo. El tercero se ocupa de la "ambición" y verá los objetivos a largo plazo –en particular si la meta es mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2oC o 1,5oC- y la revisión de los compromisos de reducción de gases de efecto invernadero. El último de los grupos negociará las acciones que se deben tomar antes de 2020.

Paralelamente se mantienen facilitadores de Consultas Informales, en otros temas que tampoco son fáciles como Bosques, Adaptación y Mercado de Carbono, entre otros.

Al inaugurar esta segunda semana de negociaciones el presidente de la COP 21 Laurient Fabius recordó a los delegados reunidos: "Hace una semana los dirigentes de 150 países se comprometieron a hacerlo todo para llegar a un acuerdo mundial sólido, necesario para superar el desafío". Y agregó: "Esta semana tendréis la oportunidad de contribuir a eliminar la pobreza, a desarrollar las energías limpias, y a crear empleo, abrir perspectivas y hacer renacer la esperanza para el mañana".

Las palabras de Fabius suenan alentadoras. Pero el dilema al que se enfrentan los negociadores es cómo eliminar la pobreza y crear empleo a la vez que reducen las emisiones que provienen del crecimiento económico y el aumento de la producción y el consumo que ello conlleva. Las contribuciones nacionales presentadas a la COP (INDC por sus siglas en inglés) muestran lo que los países están dispuestos a reducir en un escenario posible dentro de sus planes de desarrollo y crecimiento. Pero este escenario nos lleva a un aumento de la temperatura por encima de los 3oC por lo que parece difícil conciliar las expresiones del presidente.

Temas difíciles

Los temas principales de la negociación se mantienen en la misma incertidumbre que al inicio. A saber:

-El carácter vinculante o no del acuerdo. Es decir, si los compromisos asumidos alcanzarán un estatus de tratado internacional con obligaciones de cumplimiento para todos los países, si será vinculante solo en algunos aspectos o si no representará ninguna obligación en absoluto.

-El objetivo de temperatura. La meta de Copenhague (2009) de limitar la temperatura a 2oC es insuficiente y desde entonces se mantiene la necesidad de su reducción a 1,5oC. Este cambio en el objetivo implicaría duplicar los esfuerzos actuales presentados en las INDCs y parece difícil su modificación.

-Las metas intermedias para alcanzar el objetivo de cero emisiones entre 2060 y 2080 propuesto en el borrador y el año de base que debe considerarse para comparar la reducción de emisiones. Estos datos son claves para diseñar la trayectoria de la reducción, el momento de alcanzar el "pico" de las emisiones y sobre todo los costos que demanda la transformación.

-El concepto de "diferenciación", el cual sobrevuela a lo largo del texto y que podría implicar compromisos de reducción de emisiones y de aportes financieros para algunos países en desarrollo.

Como puede apreciarse todos los temas están relacionados entre sí y aunque el presidente Fabius haga los mayores esfuerzos en establecer grupos de trabajo y discusión en paralelo, finalmente todo deberá converger en una negociación única. Esto ha pasado en todas la COPs y como suele afirmarse "nada está acordado hasta que todo esté acordado". Es decir, no podrán evaluarse los avances de la COP hasta que aparezca el último proyecto de decisión sin corchetes sobre la mesa.

Por lo tanto lo único que puede afirmarse a esta altura de la marcha COP es que todo ocurre dentro de la normal y esperable ineficiencia aparente con la que suelen ocurrir estas negociaciones. Solo al final podremos discernir si las apariencias nos han engañado y existía un entramado de fondo más o menos oculto para la mayoría de nosotros –y que avanza más rápido que lo que se ve en la superficie- o si lo que se ve es todo lo que verdaderamente hay.

En este caso y como era previsible el acuerdo será bastante inútil. Aunque mantendrá la promesa de ser revisado dentro de cinco años con la esperanza de, esa vez sí, ser todo lo ambicioso que viene prometiendo desde hace 20 años.

- Gerardo Honty es analista de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social)

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