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jueves, 22 de septiembre de 2011

INCAPACES ESTADOS UNIDOS Y EUROPA para detener el derrumbe de la bolsa.

el pais.

Anteayer la Reserva Federal anunció el comienzo de la Operación Twist con objeto de estimular la actividad económica en los EE UU. Esa operación consiste en que venderá títulos de deuda pública norteamericana de corto plazo que tiene en su cartera y los sustituirá por otros (que comprará) con vencimientos a plazos de entre seis y 30 años. El objetivo es que las compras de obligaciones del Estado hagan subir su precio, lo que haría bajar las rentabilidades (que se mueven inversamente a ellos) y así reactivar el mercado de la vivienda norteamericano donde las hipotecas se firman a tipo fijo ligado al de la deuda pública.

Los riesgos de la operación son tan grandes que por sí solos dan una idea de la desesperación que está acometiendo a los responsables monetarios de los diferentes países, a la vista del poco efecto sobre el crecimiento económico de las políticas que aplican. John Maynard Keynes lo comparó con la impotencia que se siente al empujar una cuerda por uno de sus extremos.

¿En qué consisten esos riesgos? Hay uno y principal, y es que la curva de tipos de interés se invierta (es decir, que los tipos de largo se sitúen por debajo de los de corto plazo), lo que en EE UU suele anunciar casi siempre una recesión. Con ello la Reserva Federal habría precipitado justamente lo que pretendía evitar. La explicación de que así sea es que cuando los tipos de largo plazo están más bajos que los de plazo corto, los bancos al prestar pierden dinero (y, naturalmente, dejan de hacerlo). De ahí que, nada más anunciarse la medida, las cotizaciones de los bancos, y la Bolsa toda, hayan sufrido fuertes caídas.

Y es que no es solo la Reserva Federal quien va a actuar en esa dirección ya que los inversores en deuda pública intentarán adelantarse, comprando (o vendiendo) de forma inmediata lo que se sabe que va a comprar (o vender) la Reserva Federal después: sería una forma de ganar dinero sin incurrir en grandes riesgos.

El tipo de interés de la deuda USA a dos años está ahora en el 0,20% y el de 10 años en el 1,76%. Están tan cerca, que la operación de la Reserva Federal puede hacer que se intercambien las posiciones (ahora sí, como en un twist) muy rápidamente. La última vez que se invirtió la curva de tipos en EE UU fue en enero de 2008; la recesión había empezado el mes anterior.

El intento de manipular la curva de tipos de interés oscila entre lo ineficaz y lo peligroso. En España hubo una experiencia de ese tipo en los años 1987-1988 en que el Tesoro solo emitió deuda a corto plazo durante un largo período, con resultados desastrosos. También la Reserva Federal lo hizo en tiempos del presidente Kennedy, a una escala mucho menor y sin resultados concluyentes. Siempre que la desesperanza invade las salas de mando de la política monetaria se especula con ideas como esta. La última vez que el tema fue objeto de debate, algunos Estados norteamericanos estaban incluyendo en su Constitución cláusulas de rigor presupuestario como la que se ha introducido en la nuestra. Pasó aquello. Pasará esto también.

Juan Ignacio Crespo es analista económico.

lunes, 12 de septiembre de 2011

GRECIA AL BORDE DEL PRECIPICIO, SIN DINERO.

El país arranca la semana con nuevas protestas por los duros recortes aplicados por el Gobierno heleno.
Grecia ha dado un paso más hacia la quiebra al reconocer que sólo tiene dinero para pagar los sueldos públicos y las pensiones hasta octubre. El anuncio, realizado por el secretario de Estado de Finanzas griego, Filipos Sajinidis, es un grito de auxilio para que se entregue el sexto tramo del préstamo internacional, de 110.000 millones de euros, aprobado en mayo de 2010.
Lo único “seguro” que tiene Sajinidis es que “hasta octubre tenemos dinero para pagar sueldos y pensiones”. A partir de ahí sólo hay incertidumbre.
Este es el telón de fondo que marcará el regreso a Atenas, este miércoles, de los inspectores del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y de la Unión Europea (UE).
Los representantes de estas instituciones suspendieron su inspección el pasado 2 de septiembre para dar tiempo a Grecia a aplicar las reformas y medidas económicas acordadas el pasado 21 de julio, una condición exigida a Atenas para concederle un nuevo paquete de ayuda de 160.000 millones de euros.
Del informe que elaboren los inspectores dependerá que se entreguen a Grecia los 8.0000 millones de euros del sexto tramo del primer rescate.

Otra semana de protestas

A la espera de la llegada de los inspectores, Grecia ha arrancado la semana con nuevas protestas laborales contra la dura política de austeridad del Gobierno que el FMI y la UE han exigido a Atenas.
El primer ministro griego, el socialista Yorgos Papandréu, se reúne hoy con su grupo parlamentario para asegurarse su apoyo en la aprobación de un nuevo impuesto sobre la propiedad inmobiliaria con el que se pretenden recaudar 2.000 millones de euros hasta final de año. Además, El Gobierno sondea ya los apoyos para sacar adelante a finales de octubre los presupuestos estatales para 2012, en los que la reducción de gastos y el aumento de ingresos son los ejes principales.
Los 27.000 taxistas del país comenzaron esta madrugada una nueva huelga de 48 horas contra la liberalización de la profesión.
Público / EFE

miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿que hacer para librarse de la trampa de la deuda publica?

François Chesnais (À L´ENCONTRE)

Publicamos aquí la entrevista completa realizada el 28 de junio entre François Chesnais y Dominique Sicot, periodista en L´Humanité Dimanche.

¿Cómo definir la situación de las clases populares en Europa en relación con la cuestión de la deuda?
En mi libro (1) hablo del “doble castigo” que las burguesías y los gobiernos están infligiéndoles. A fines de 2008 y durante todo el 2009, los asalariados y asalariadas han sufrido de lleno el látigo de los efectos de la crisis mundial bajo la forma de cierres de fábricas, despidos, reducción de horarios y congelación salarial. Luego, a partir de la primera fase de la crisis de la deuda griega, en mayo de 2010, y la entrada en escena de las agencias de calificación como portavoces de las exigencias de los bancos y de los inversores financieros, los gobiernos europeos han emprendido un ataque a las clases populares en todos los niveles en nombre de la obligación de pagar la deuda.
Lo que el gobierno de Papandreu ha aceptado imponer a los ciudadanos griegos en el marco del nuevo plan de salvamento puesto a punto por la troika -UE, BCE y FMI- produce escalofríos. Subida de dos puntos del IVA, del 19% al 21%; aumento de los impuestos sobre el alcohol, el tabaco y los combustibles (0,08 euros sobre la nafta y 0,03 euros sobre el gasoil); creación de un “derecho de acceso” a la red eléctrica; reducciones de salarios y de jubilaciones en la función pública por 1700 millones de euros, es decir, el 0,7 % del PIB; congelación de todas las jubilaciones públicas y privadas; amputación del programa de inversión pública; medidas para facilitar los despidos; ola de privatizaciones de una amplitud sin precedentes (puertos, aeropuertos, ferrocarriles, agua, telecomunicaciones, el Banco Postal, etc.). En Portugal, las medidas aceptadas por los dos partidos mayoritarios son de la misma naturaleza. En Irlanda, en el contexto de un sistema económico y social a la anglosajona, donde la protección social era ya débil, los estragos del plan de austeridad como consecuencia de la estatización de la deuda de los bancos son particularmente fuertes en la salud pública y la enseñanza.

En mi libro, recuerdo que la decisión del gobierno Sarkozy de acelerar de repente la “reforma” de las jubilaciones y de imponerla a cualquier precio es la consecuencia de una exigencia de las agencias de calificación, a fines de mayo de 2010. Los planes de austeridad están ya en marcha en todas partes. No tienen aún el grado de intensidad que la UE, el BCE y el FMI están administrando a Grecia, e incluso a Portugal e Irlanda. Los asalariados y asalariadas y los jóvenes de la mayor parte de los países europeos deben esperar políticas que apuntan a imponerles la misma amarga poción. Buen número de los indignados que han ocupado las ciudades de España lo han comprendido.
Se leen llamamientos a que el pago de la deuda sea puesto en el centro del debate de la campaña presidencial de 2012. ¿Qué piensas sobre este tema?

Es inevitable que ocurra. Lo que está en juego es saber quién toma la iniciativa y define sus términos. En Le Monde del 28 de junio, Stéphane Boujnah -quien, tras haber sido una “vedette” del Deutsche Bank, es no solo presidente del think tankEn Temps Réel sino también delegado general del grupo financiero Santander en Francia- escribe que la deuda francesa debe ser pagada. Desea la creación de un “Consejo nacional para la recuperación de las cuentas públicas”, que estaría inspirado, dice, “en el legendario Consejo Nacional de la Resistencia”. Esto equivale a decir que la deuda pública francesa es legítima y que una especie de unión sagrada debe permitir que sea liquidada.

El movimiento social francés debe oponerse con todas sus fuerzas a este discurso, que es absolutamente dominante en los medios y, por el momento, en la mayor parte de los discursos políticos. Si la deuda de Grecia tiene rasgos de deuda odiosa, todas las deudas públicas europeas son ilegítimas, entre ellas, la de Francia. Esto es así por las condiciones políticas en las que los países han caído bajo el dominio de los mercados y por la naturaleza de los préstamos sobre los que se deben pagar intereses a los bancos y asegurar su devolución.
El mandato moral de pagar la deuda hecho a los ciudadanos se basa en dos ideas. En primer lugar, que éstos formarían parte de manera consciente y con consentimiento de la acumulación de la deuda. En mi libro, reúno un conjunto de elementos puestos a la luz por sindicatos como el SNUI (Sindicato de las finanzas públicas) y de Sud Trésor o periodistas meticulosos como los de Médiapart, que muestran hasta qué punto esto no ha sido así. El escudo fiscal es solo la punta visible de uniceberg de bajada de los impuestos del capital y de las altas rentas y de evasión fiscal. La segunda “falsa evidencia”, por utilizar la expresión de LesÉconomistes Atterrés, es que serían sumas, fruto de un ahorro amasado por una dura labor, que habrían sido prestadas. No es sino muy marginalmente así. Cuando los bancos y los fondos de inversión prestan a los estados, activan mediante el “efecto de palanca” un mecanismo de apropiación de una parte de los impuestos pagados por quienes no pueden escapar de él (el IVA en particular). Estos préstamos se basan en un tejido complicado de transacciones interbancarias en buena parte ocultas (el shadow banking system o “sistema financiero de la sombra”), cuyas bases son tan frágiles que toda falta de pago, incluso de un muy pequeño país (Grecia representa el 2% del PIB de la zona euro), es una amenaza para los bancos.

Defiendo, igual que lo hace Attac, la necesidad de proceder a una auditoría pública de la deuda. En Grecia, un comité por la moratoria y la auditoría de la deuda ha sido creado en enero de 2011. Sus militantes han llevado a cabo ya un trabajo suficientemente fuerte como para que un sector de los militantes de la plaza Syntagma lo haya adoptado y que se haya podido oír en un video de Dailymotion, a una joven portavoz del sindicato de los empleados estatales gritar, al final de la entrevista, las consignas de la pegatina que llevaba: “¡No debemos nada! ¡No se venderá nada! ¡No se pagará nada!”.

En España, la actividad de los bancos está en el punto de mira de los indignados. Subrayo, quizá más fuertemente de lo que lo hace por el momento Attac que, dadas las tradiciones políticas francesas, la auditoría puede verdaderamente tomar cuerpo solo bajo la forma de una amplia campaña popular iniciada por las asociaciones y partidos, de la que la campaña de los comités por el No al Tratado Constitucional Europeo (TCE) de 2005 proporciona un perfecto ejemplo. El caso griego muestra el inmenso alcance democrático de una campaña por la moratoria y la auditoría popular de la deuda. En Francia, quienes han estudiado las centenares de páginas del TCE serán perfectamente capaces de analizar los documentos públicos, particularmente los informes parlamentarios, en los que son detallados una amplia parte de los “regalos al capital”. Tratándose de los detentadores de los títulos de deuda, la cuestión de la salvaguarda del pequeño ahorro en caso de anulación es a menudo planteada. Cuando se hacen las declaraciones de impuestos, los bancos calculan al centavo los importes relacionados con las diferentes formas de ahorro de los hogares. Y les serán garantizados, pues no representan sino una minúscula parte de los créditos sobre el estado reclamados por los bancos y los inversores financieros.

¿Así pues, no estamos ante una crisis griega, sino ante una crisis propiamente europea?

Exacto. Se trata de una crisis europea, porque bancos europeos, alemanes y franceses en particular están amenazados más o menos seriamente por una suspensión de pagos del estado debido a su gestión arriesgada y oculta. Mucha gente ha dicho que la crisis de los bancos estaba acompañada por una crisis de la gobernabilidad europea. Estamos más bien ante un ensayo de puesta en marcha de lo que Naomi Klein llama “la estrategia del shock”.

Las rivalidades entre las élites europeas, la independencia del BCE, la pesadez de las instituciones de la UE hacen su montaje complicado. Pero, si se toman las propuestas ya antiguas del luxemburgués Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, los discursos de Ángela Merkel y de Nicolas Sarkozy y el “Pacto por el euro” que endurece drásticamente el “Pacto de estabilidad” y, en fin, el reciente discurso de Jean-Claude Trichet defendiendo un gobierno aún más centralizado y autoritario de la zona euro, estamos claramente frente a una tentativa de utilizar la “crisis de la deuda” para someter de nuevo a las clases populares al “talón de hierro” del capital.

Esta “estrategia del shock” tiene por contexto, en el plano mundial, el callejón sin salida en que se encuentran la acumulación financiera y el modelo de crecimiento por endeudamiento. Los Estados Unidos han sido un elemento de cohesión. Estuvieron en el epicentro de la caída del Nasdaq en 2001 y de los bancos de inversión en septiembre de 2008. No conocen otro modelo e intentan, por tanto, perpetuarlo. Sin embargo, el gobierno americano está casi en suspensión de pagos. Los países de Europa, entre ellos los de la zona Euro, han copiado los mecanismos del modelo de crecimiento por endeudamiento en combinaciones diferentes. Irlanda y España han construido una prosperidad ficticia sobre booms inmobiliarios insensatos. En todas partes, las empresas han aprovechado las oportunidades de la liberalización para hacer jugar la competencia entre asalariados de países de trayectoria histórica y niveles de salario y de protección social muy diferentes. La demanda interna ha decaído y no ha sido sostenida más que por el endeudamiento de las familias. En todas partes, los gobiernos, tanto de izquierdas como de derechas, han bajado los impuestos sobre el capital y sobre las altas rentas y han compensado la bajada de la fiscalidad mediante un recurso creciente al préstamo.

La tasa de endeudamiento de Francia se acerca ahora al 90% del PIB. Pero en el otoño de 2008, antes del rescate de los bancos y de los grupos del automóvil, estaba ya al 63%. Lo mismo es válido para otros países. Pero Francia es también la sede de tres de los grupos financieros (se les llama aún bancos, pero el término es falso) muy implicados en el apoyo al boominmobiliario en España y en la compra de títulos de la deuda.

Se oye a los dirigentes europeos repetir que si el pueblo griego lograra impedir el nuevo plan de austeridad, ello podría desencadenar quiebras bancarias en cascada.

La realpolitik de la finanza quiere, efectivamente, que los pueblos acepten inmolarse para que la dominación del capital perdure. El primer acto de la toma de posesión de la nueva directora del FMI, Christine Lagarde, ha sido, de forma completamente natural, hacer un llamamiento al parlamento griego a ser “responsable” y a votar unánimemente las leyes correspondientes al nuevo “plan de rescate”.
Volvamos sobre los bancos. Con la ayuda de la concentración, los bancos se han transformado en grupos financieros para los que las operaciones de lejos más provechosas son las de valorización de las carteras de los ricos (la banca privada) y, sobre todo, las operaciones de especulación sobre los títulos de la deuda pública y de refinanciación de los préstamos de las sociedades inmobiliarias y de los bancos hipotecarios. Desde su salvamento en 2008, los bancos no han depurado todos los activos tóxicos de sus cuentas. Han continuado haciendo inversiones de alto riesgo en las dos esferas de actividad mencionadas. Han recuperado los niveles de ganancias de antes de la crisis. Sus accionistas han recibido dividendos y los dirigentes, stock-options elevados. Sus títulos (cerca del 20% del CAC40) han aumentado el precio de Bolsa. Hay un debate incesante en los periódicos especializados para apreciar, se podría incluso decir adivinar, la situación de su balance y, por tanto, el grado en que una suspensión de pagos haría temblar verdaderamente el sistema financiero mundial. En lo que concierne a la deuda griega, la mayor parte de los grupos financieros han tomado disposiciones. Se pueden interpretar así las informaciones relativas a las iniciativas tomadas por el BNP Paribas sobre Grecia. Pero un “efecto dominó” sigue siendo posible. Lo que inquieta verdaderamente a las finanzas es la situación española, cuarta economía de la zona euro, donde el marasmo económico es profundo en un momento en que la juventud y sectores sociales se movilizan.

En tu libro, privilegias la cuestión de la anulación de la deuda y la puesta de los bancos bajo control social, ahí donde otros se focalizan en la salida del euro.

Hay diferentes formas de posicionarse en relación con la crisis del euro. Se puede ver el euro como un obstáculo (algunos lo han pensado desde el comienzo) y, por tanto, la crisis actual como la ocasión de volver a una moneda nacional cuyo gobierno podría relanzar el crecimiento por la devaluación de la tasa de cambio. Quienes tienen esta posición hablan poco o nada en absoluto de la deuda. Piensan, quizá, que el aumento de los ingresos fiscales ayudaría a resolverla en buena parte. Olvidan la experiencia de la devaluación competitiva de finales de los años 1980, con una deuda bastante menos elevada y una base industrial bastante más sólida.

Se puede ver la crisis del euro como algo inscrito en los hechos en razón de la probabilidad, incluso la ineluctabilidad, de una suspensión de pagos de Grecia. La deuda griega era del 133% del PIB en 2010. Va a acercarse al 160% en 2011 y rozar, según algunas proyecciones, el 180% de aquí a dos años. Las medidas brutales no hacen sino retardar el momento en que habrá que dar “un salto a lo desconocido”, es decir, reestructurar la deuda, alargar los plazos, borrar una parte. Es completamente posible que el “efecto dominó” sea entonces tan fuerte que la zona euro estalle. Ciertos bancos no lo resistirían, de forma que la cuestión de su puesta bajo control social se plantearía.

No se les podría, sin embargo, evitar nuevamente la quiebra de forma gratuita. Los trabajadores se encontrarían más que nunca confrontados a la pregunta: ¿hay que desangrarse para que el estado asegure un servicio de la deuda pública aplastante (¡en Francia, donde el estado absorbe hasta 50 mil millones de euros, la totalidad de lo que es recaudado a título del impuesto sobre la renta!) de forma que se les permita a los bancos continuar pagando dividendos y remuneraciones alucinantes a sus dirigentes?

Lo que yo defiendo es que el movimiento social, ayudado, si es posible, por algunos partidos, se prepare para no ser tomado por sorpresa en una nueva crisis bancaria y para poder responder a ella con la ayuda de la consigna de “tomar los bancos”. Esta consigna tiene un carácter algebraico. El grado de radicalidad de su puesta en marcha depende del estado de la correlación de fuerzas políticas, es decir, de la importancia de la preparación política ciudadana anterior. Es posible que la resistencia de las clases populares y de la juventud, como en España, sea un factor desencadenante de las quiebras bancarias. Pero es el propio sistema bancario el que se ha puesto en esa situación. La creación de una red de comités por la auditoría de la deuda permitiría al movimiento social prepararse para esa eventualidad. Esta red estaría dispuesta a movilizarse contra todo nuevo anuncio gubernamental acerca de la necesidad de “salvar a los bancos”. Este es, obviamente, el primer paso hacia consignas más radicales. Es lo que muchos militantes esperan de las asociaciones anti-globalización y de los partidos de izquierda y de extrema izquierda.

El combate político por la moratoria y la anulación, tras la auditoría popular, de la mayor parte de la deuda pública no es de los que pueden ser “delegados”. Lo que ocurre en Atenas nos concierne en Francia. Si la deuda de Grecia tiene rasgos de “deuda odiosa”, todas las deudas europeas son ilegítimas.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Nota:

1) Se refiere a Les dettes illégitimes. Quand les banques font main basse sur les politiques publiques. París: Editions Raisons d'Agir, 2011.
Chesnais, François. Profesor emérito en la Universidad de París 13-Villetaneuse. Destacado marxista, es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia, director de Carré rouge, y miembro del Consejo asesor de Herramienta, con la que colabora asiduamente. Es autor de La Mondialisation du capital y coordinador de La finance mondialisée, racines sociales et politiques, configuration, conséquences. La finance capitaliste, último libro bajo su dirección, acaba de ser publicado por Ediciones Herramienta.

miércoles, 27 de julio de 2011

WSJ: Diez razones por las que EEUU está condenado a repetir la crisis de 2008

Por Brett Arends
Wall Street Journal

La última crisis financiera no terminó, pero ya podríamos empezar a prepararnos para la próxima. Lamento ser pesimista, pero está a la vista.
¿Por qué? Aquí tiene diez razones.

1. De la última crisis, estamos aprendiendo las lecciones equivocadas.

La burbuja inmobiliaria, ¿en realidad fue causada por Fannie Mae, Freddie Mac, la Ley de Reinversión en la Comunidad, Barney Frank, Bill Clinton, los “liberales”, y así sucesivamente? Eso es lo que ahora alega un creciente ejército de personas. Sólo hay un problema. Si es así, ¿cómo es entonces que también hubo una gigantesca burbuja inmobiliaria en España? ¿Y qué decir acerca de las enormes burbujas inmobiliarias en Irlanda, el Reino Unido y Australia? ¿Todo lo provocó Barney Frank? ¿Y las burbujas por toda Europa del Este y otras regiones? Me reiría, pero decenas de millones de personas son engañadas por este artificio que es promovido con el propósito de cubrir a los verdaderos culpables para que puedan escapar. Y está funcionando.

2. Nadie fue castigado.

Ejecutivos como Dick Fuld, de Lehman Brothers, y Angelo Mozilo, de Countrywide, junto con muchos otros, se llevaron cientos de millones de dólares en efectivo antes de que el barco se estrellara contra las rocas. Prestamistas depredadores y deshonestos prestamistas hipotecarios hicieron millones de dólares en ganancias ilícitas. Sin embargo, no están en la cárcel. Ni siquiera son sometidos a un proceso penal. Salieron impunes. Como regla general, cuanto peor se haya comportado uno entre 2000 y 2008, mejor ha sido tratado. Y por eso volverán a hacerlo. Está garantizado.

3. Los incentivos siguen siendo deshonestos.

La gente ajena al mundo de las finanzas -desde respetados analistas políticos como George Will hasta la gente común- todavía no puede entenderlo. Las reglas de Wall Street no son las mismas que en el resto de la sociedad. El tipo que maneja un banco en Wall Street no está expuesto la misma ecuación de “riesgo/recompensa” que, digamos, un tipo que maneja una tintorería. Tomemos todas nuestras imágenes mentales de la empresa de libre mercado estadounidense y pongámoslas a un lado. Esto es totalmente diferente. Para la gente de Wall Street, si sale cara, ganan, y si sale ceca, vuelven a tirar. Gracias a las acciones restringidas, las opciones, el juego de las bonificaciones, la titularización, estructuras de comisiones, transacciones con información privilegiada, ser “demasiado grande para quebrar” y la responsabilidad limitada, se les paga para comportarse de forma imprudente y pierden poco -o nada- si las cosas salen mal.

4. Los árbitros son corruptos.

Se supone que tenemos un sistema de libre empresa amparado en la ley. Con un único problema: los jugadores pueden sobornar a los árbitros. Imaginemos que eso ocurriera en la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés). Los bancos y otros sectores colman de enormes cantidades de dinero al Congreso, los presidentes y todo el establishment de ayudantes, asesores y parásitos de Washington. Lo hacen a través de contribuciones de campaña. Lo hacen a través de US$500.000 en honorarios por conferencias y privilegios en una mesa de directorio a la hora del retiro. Y lo hacen gastando fortunas en grupos de lobby así uno sabe que si se portan bien cuando están en el gobierno, también pueden obtener un trabajo de US$500.000 al año como cabildero al jubilarse. ¿Qué tan grandes son los sobornos? El sector financiero gastó US$474 millones sólo en lobby el año pasado, según el Center for Responsive Politics (una organización independiente y sin fines de lucro con sede en Washington DC).

5. Las acciones se han disparado otra vez.

El índice de Standard & Poor’s 500 se duplicó desde los mínimos de marzo de 2009. ¿No es una buena noticia? Bueno, sí, hasta cierto punto. Porque es cierto que en gran parte se debe al deterioro del dólar (cuando el dólar baja, Wall Street sube, y viceversa). Y nos olvidamos de que hubo enormes alzas en Wall Street en el marco de los mercados bajistas de las décadas de 1930 y 1970, al igual que en Japón en la de 1990. Sin embargo, el auge del mercado, dirigido en especial hacia las acciones más riesgosas y de peor calidad, aumenta los riesgos. Deja a los inversionistas menor margen para las sorpresas positivas y mucho más lugar a la decepción. Y las acciones no son baratas. La rentabilidad por dividendo en el S&P es sólo de 2%. De acuerdo con una medición de largo plazo -”la teoría de la q de Tobin”, que compara los precios de las acciones con el costo de reposición de activos de la empresa- las acciones están ahora cerca de 70% por encima del promedio de las valoraciones. Además, en EE.UU. tenemos el envejecimiento de la población del “baby boom” de posguerra, que todavía tienen muchas acciones y que van a venderlas a medida que se acerquen a la jubilación.
6. La bomba de tiempo de los derivados es más grande que nunca, y en cuenta regresiva.

Justo antes del colapso de Lehman, en lo que ahora llamamos el punto más alto de la última burbuja, las empresas de Wall Street llevaban riesgosos derivados financieros en sus libros, por un valor astronómico de US$183 billones (millones de millones). Eso representaba 13 veces el tamaño de la economía de Estados Unidos. Si suena una locura, lo era. Desde entonces, hemos tenido cuatro años de pánico, una presunta reforma y el retorno a la sobriedad financiera. Ahora bien, ¿a cuánto asciende cifra ahora? Unos US$248 billones. En serio. Ah, los buenos tiempos.

7. El antiguo régimen está al mando.

Me tengo que reír cada vez que escucho a los republicanos despotricar porque Obama es “liberal” o “socialista” o comunista. ¿Están bromeando? Obama es un Bush. Un poco más parecido al más viejo que al más joven. Pero veamos quiénes siguen manejando la economía: Bernanke. Geithner. Summers. Goldman Sachs. J.P. Morgan Chase. Hemos tenido al mismo establishment a cargo desde al menos 1987, cuando Paul Volcker se retiró como presidente de la Reserva Federal. ¿Cambio? ¿Qué “cambio”? (E incluso lo poco que teníamos era demasiado para Wall Street, que en 2010 se compró un Congreso nuevo y más obediente).

8. Ben Bernanke no entiende su trabajo.

El presidente de la Reserva Federal hizo una asombrosa admisión en su primera conferencia de prensa. Citó el auge del índice Russell 2000 de acciones riesgosas con pequeña capitalización como una señal de que el “relajamiento cuantitativo” había funcionado. La Reserva Federal tiene por ley un doble mandato: bajar la inflación y bajar el desempleo. Ahora, al parecer, tiene una tercera obligación: impulsar la cotización de las acciones de Wall Street. Esto es una locura. Se termina bien, me sorprenderé.

9. Estamos apalancando como locos.

¿Busca de una “burbuja crediticia”? Ya estamos en ella. Todo el mundo sabe acerca de la disparatada deuda federal, y del riesgo de que el Congreso no eleve el techo de la deuda. Pero eso es sólo una parte de la historia. Las corporaciones de EE.UU. han tomado prestado US$513.000 millones en el primer trimestre. Están pidiendo el doble de préstamos que a fines del año pasado, cuando la deuda corporativa ya estaba en alza. Los ahorristas, desesperados por obtener ingresos, van a comprar casi cualquier tipo de bono. No sorprende que los rendimientos de los bonos de alto rendimiento se hayan derrumbado. Basta de hablar acerca de que hay “efectivo en los balances”. Las corporaciones estadounidenses no financieras en general están profundamente endeudadas, en el orden de los US$7,3 billones. Eso es un nivel récord, y un aumento de 24% en los últimos cinco años. Y cuando se suman deudas de los hogares, la deuda pública y las deudas del sector financiero, el nivel de deuda alcanza al menos los US$50 billones. Más apalancamiento implica más riesgo. Es algo que está en la primera página de los manuales de economía.

10. Las sobras de la economía real en el tanque.

La segunda ronda de relajamiento cuantitativo no ha conseguido nada notable a excepción de bajar el tipo de cambio. El desempleo es mucho, mucho más alto que lo que dicen las cifras oficiales (por ejemplo, incluso la letra chica del Departamento de Trabajo de EE.UU. admite que uno de cada cuatro hombres de mediana edad carece de empleo a tiempo completo, lo que es asombroso). Nuestro déficit de cuenta corriente es de US$120.000 millones al año (y no se ha registrado superávit desde 1990). Los precios inmobiliarios están en caída, sin recuperarse. Los salarios reales están estancados. Sí, la productividad aumenta. Pero eso, irónicamente, también ayuda a reducir el empleo.

Seguro que sabe lo que dijo George Santayana (filósofo español-estadounidense) sobre las personas que olvidan el pasado. Pero somos incluso aún más tontos. Estamos condenados a repetir el pasado no porque lo hayamos olvidado, sino porque nunca hemos aprendido las lecciones.