domingo, 24 de mayo de 2009

ELECCIONES: UN MATON EN CAMPAÑA

tomado de excelsior.

24-May-2009

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

Elecciones: un matón en campaña


La enfermedad de nuestro régimen es la ambición lucrativa de hacer carrera en un medio donde debiera predominar la vocación de servicio.

Para Ivonne, por sus agallas y valor cívico.

Cada vez se comprueba más que la reglamentación del uso de los medios electrónicos en las campañas electorales —impulsada en 2007 por el Legislativo— tenía más la intención de frenar las ambiciones de algunos gobernantes con grandes recursos y, simultáneamente, cerrar la puerta del selecto club de aspirantes a la Presidencia en 2012, entre los que están algunos miembros del Congreso de la Unión.

No se crea usted el cuento del fortalecimiento del sistema democrático de partidos o que se haya buscado meter en cintura a los llamados poderes fácticos que, llegada la hora, jalarán de todos modos con el candidato presidencial de su conveniencia, porque los cambios aprobados son como un gruyer que sólo sirve de botana.

Las reformas electorales de 2007 no han frenado las campañas negativas. Tan no lo han hecho, que son las únicas que llaman la atención. Las otras actividades de promoción, las de propuestas, prácticamente no existen y las que hay están basadas en ideas descabelladas o que repiten los clichés del México anclado en su historia poca gloriosa.

Por el avezado reportero y columnista Francisco Garfias nos enteramos ayer que el PRI responderá ojo por ojo a los "ataques" del PAN —o "campaña de contraste", como prefieren llamarle los blanquiazules— y que para ello han contratado a un estratega publicitario que identificarán sólo con el seudónimo de Anton Chigurh, el sicario psicópata protagonizado por Javier Bardem en la película No Country for Old Men (Sin lugar para los débiles), de los hermanos Coen.

De acuerdo con las fuentes consultadas por Pancho, el señor Chigurh hará aparecer a su equivalente del PAN, el consultor español Antonio Solá, como un perro faldero. "Lo van a soñar los panistas, será su pesadilla", advierten los del PRI.

Vaya altura de debate: las campañas se pelean con matones.

Había un tiempo en que las ideas importaban, aunque la maquinaria priista se encargara de resolver los comicios en su favor. Ahora tenemos el derecho al voto, pero no hay por quién votar porque no sabemos lo que piensan estos candidatos, si es que piensan algo.

De ellos sólo conocemos la basura que exhiben los contrarios o sus apellidos de abolengo o sus fotos posadas y arregladas con Photoshop o, el colmo, la pose de bailarina exótica con que se promueve en un cartel una candidata del centro del país.

Antes uno sabía qué posturas defendían el PAN y la izquierda, y cuál era la posición de moda en el PRI. Ahora, salvo las excepciones que en todos lados existen, da un poco lo mismo votar por cualquiera… o por ninguno.

Ni siquiera importan sus antecedentes como legisladores, cuando los tienen. Como no hay reelección, la memoria de lo que hicieron los reincidentes, en su paso por cámaras locales o federales, es casi nula. A menos, claro, que hayan participado en algún escándalo mediático reciente, con lo que volvemos a lo mismo.

Tampoco concuerdo con quienes abordan las reformas electorales —que ahora se ponen a prueba a nivel nacional— como un simple asunto de libertad de expresión. Estoy de acuerdo con ellos en que los legisladores no deben volverse censores, pero la enfermedad que padece nuestra democracia no son las campañas negativas (o "sucias" como les llaman algunos), sino una más grave.

Sin ánimo de señalar democracias perfectas —que no las hay, por el carácter imperfecto de la democracia— cabe recordar la estrepitosa derrota que sufrió el Partido Conservador canadiense en 1993, luego de que puso al aire, durante sólo 24 horas, un spot de campaña en el que se mofaba de una deformidad facial del entonces candidato a primer ministro Jean Chrétien.

Los conservadores no sólo perdieron el gobierno. El electorado los castigó al dejarles sólo dos bancas en el Parlamento. La derrota fue tan dura que el partido tuvo que ser refundado antes de regresar al poder, 12 años después. El autor del spot, John Tory, nunca pudo rehacer su carrera.

Es decir, hay sociedades que sin necesidad de censura rechazan las campañas negativas (o por lo menos existe ese riesgo para quien las usa), porque el debate político está regido por otros conceptos.

Por eso, el abuso de las campañas negativas que ahora vemos en México es un simple síntoma de algo peor. Y no es verdad que un intercambio más libre de "contrastes" nos daría, por sí mismo, una mejor democracia.

La enfermedad de nuestro régimen es la ambición lucrativa de hacer carrera en un medio donde debiera predominar la vocación de servicio y las ideas y las propuestas tendrían que ser las armas para acceder al poder (lo cual, por cierto, es un objetivo legítimo en la política).

La enfermedad es la convicción de la gran mayoría de esos candidatos de que la carrera política sirve, ante todo, al interés personal.

Si no, que me digan cuál es el tema de interés público que domina en esta campaña. Ya nos dijeron todos los partidos que no es la reforma fiscal, porque ninguno de ellos quiere arriesgar votos al proponer una medida impopular como recaudar más, algo que nos urge. Tampoco es la seguridad, un asunto en que todos los partidos, por la actuación de los gobernantes surgidos de sus filas, tienen un déficit. ¿Entonces?

Hubiera sido diferente que los legisladores aprobaran cambios que forzaran a los partidos a contrastar ideas, en lugar de ese conjunto de reformas que no han servido para evitar que los ataques se conviertan en el centro de la campaña para renovar la Cámara de Diputados.

Por quién votar es una pregunta difícil de contestar para quien sufraga por ideas antes que por partidos y candidatos. Y las ideas, no cabe duda, no están de moda.



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ser como el clavo, que aun oxidado, sigue siendo clavo

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